Negocios

Con el máximo esfuerzo para la naturaleza

Martes, 3 de Mayo del 2016 | Escrito por - El Economista•Centroamérica
Para toda acción existe una consecuencia y el progreso económico representado en las plantas industriales o urbanizaciones tiene sus inevitables efectos en el medio ambiente.

No obstante, esto no quiere decir que las empresas conscientes no hacen nada por reparar dicho daño. 

A continuación, se presentan algunos de los proyectos con mayores montos de inversión e impacto real medioambiental  que las compañías llevan a cabo en la región como parte de sus programas de responsabilidad social empresarial (RSE) para retribuir a la naturaleza y comunidades aledañas la mayor parte posible de lo que se extrae o daña durante sus procesos productivos.

Por ejemplo, en los últimos años la compañía Duwest ha logrado reforestar alrededor de 73 hectáreas cerca de su planta en Guatemala, que mitigan la emisión de CO2, y en sus oficinas implementaron tecnología ahorrativa para reducir el uso de 17,220 galones de agua natural.

En Costa Rica, el programa de reciclaje de Kimberly Clark en alianza con Canal 7, AmbientaDOS, es una de las iniciativas ambientales de mayor impacto ya que ha logrado reciclar 16,000 toneladas de material y crear 85 campañas ininterrumpidas a lo largo de siete años

Anualmente, Hanesbrands El Salvador recicla 2,500 toneladas de desechos para financiar sus proyectos, desde 2010 ha invertido $3 millones en 140 proyectos y sus voluntarios han sembrado 74,000 árboles en dos áreas protegidas.

Las historias completas de  mayor impacto en la región las puede leer en la última edición de El Economista, conozca algunas que le presentamos a continuación:
 

Apuesta por la seguridad hídrica

 
El Proyecto Merendón, impulsado por la Fundación Cervecería Hondureña, busca preservar la cordillera del mismo nombre. 
 
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POR: Luz V. Bueno•Honduras
 
 
La educación ambiental de los más pequeños junto con  alianzas estratégicas pueden ser la clave para lograr los objetivos que una empresa se ha propuesto para preservar zonas de un alto valor ecológico para numerosas comunidades. Esa es la fórmula a la que le han apostado, desde 2009, La Fundación Cervecería Hondureña y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) en el denominado Proyecto Merendón. Con él, las firmas buscan conservar  la cordillera del mismo nombre, una de las más importantes del país.

Esta, ubicada en parte en el departamento de Cortés, a pocos kilómetros de San Pedro Sula, alberga el Parque Nacional El Cusuco, una reserva ecológica clave en el desarrollo de 64 asentamientos cercanos.

El referido proyecto comprende tres iniciativas: la gestión de agua, la alianza para la seguridad hídrica de San Pedro Sula y el Programa de Educación Ambiental.

En los dos primeros elementos el acento de la iniciativa ha estado en la reforestación de áreas degradadas y en crear  conciencia entre los pobladores para motivarlos a preservar las fuentes de agua, evitar la deforestación de dichas zonas, hacer un manejo adecuado de la basura y de las aguas residuales, adoptar prácticas correctas de cultivo para evitar la contaminación por el uso inadecuado de productos agroquímicos y la erosión de los suelos y prevenir los incendios forestales, entre otros.

En el apartado educativo del proyecto, las instituciones involucradas han buscado formar a los niños y jóvenes de la zona en la importancia de proteger el ambiente para que se comprometan en la protección de los recursos de la cordillera, evitando arriesgar su futuro y el de los municipios que dependen de las fuentes de agua de ese lugar.

La iniciativa, cuyos contenidos están orientados al uso adecuado del recurso hídrico, al control de plagas, a las prácticas agrícolas responsables, al manejo de desechos sólidos, a la higiene y a la salubridad, tiene el aval de la Secretaría de Educación, y podría ser un programa piloto para implementarlo en otras zonas del país.

De acuerdo con los organizadores, los logros del proyecto en estos siete años de vida han sido notorios. Según sus datos, actualmente hay ya en la zona 61 hectáreas cultivadas con sistemas agroforestales que benefician a 60 familias y que reportan un impacto ambiental positivo. Asimismo, otras 17 hectáreas han sido reforestadas, contribuyendo con la recuperación de las áreas degradadas, y 150 hectáreas más han pasado a ser bosque protegido, un objetivo logrado con el fortalecimiento de brigadas forestales y la dotación de herramientas de gestión de información geográfica.

Aparte de eso, un total de 11 escuelas se han integrado con éxito y entusiasmo al Programa de Educación Ambiental, con lo que se ha logrado una cobertura de 620 alumnos. 

“Las metas propuestas (por el proyecto) están fijadas para el 2020, alcanzando un área total de 1,090 hectáreas, apoyadas con iniciativas sostenibles para el beneficio de las comunidades y el ecosistema, concluye Fabiola Elvir, directora de la Fundación Cervecería Hondureña.  •


Hanesbrands quiere vivir más verde

El programa de RSE que implementa la empresa textilera es el más grande en El Salvador. Han ejecutado 140 proyectos de reforestación, agua potable y energía renovable.

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POR: Leonel Ibarra•El Salvador
 
 
 Cuando Hanesbrands se independizó de la corporación Sara Lee en 2007, esto trajo una nueva visión de trabajo que implicaba  invertir más en ser responsables socialmente, así como con los empleados, las comunidades aledañas a las fábricas y el medioambiente de los países donde operaba, incluyendo El Salvador.

Analizando su trabajo, se dieron cuenta de que generaban una gran cantidad de desperdicios en las fábricas, principalmente trozos de tela, hilo, cartón, plástico y metal que tienen un valor de mercado para empresas dedicadas al reciclaje, recuerda Teddy Mendoza, gerente de RSE y asuntos medioambientales de Hanesbrands.

Fue así como en 2009 la compañía textilera dispuso usar los fondos de la venta de desechos para financiar el programa de RSE Viviendo Verde que se enfocaría en áreas de educación pública, salud pública y medioambiente.

Hanes comenzó ejecutando proyectos por ellos mismos, consultando en las comunidades aledañas del municipio de San Juan Opico o en zonas donde residen los empleados, pero ahora trabajan en alianzas con organizaciones como
Glasswing, FESA, el Club Rotario y el Gobierno salvadoreño que les presentan proyectos que cumplan los requisitos y con base en lo presupuestado.

Anualmente la empresa recicla unas 2,500 toneladas de desechos, desde 2010 ha invertido $3 millones en 140 proyectos y de los casi 11,000 empleados que tiene la empresa, 4,000 personas han ejecutado 368,000 horas hombre de voluntariado y han sembrado 74,000 árboles en dos áreas protegidas, además que apoya con equipo a guardar recursos del parque nacional Walter Thilo Deininger.

Aunado a esto, Hanes habilitó varios pozos para suministro de agua potable en San Juan Opico, hace donaciones regulares de fertilizantes y semilla mejorada a pequeños agricultores, ha entregado kit de energía solar para 200 familias sin acceso a electricidad y 100 cocinas ecológicas que reducen el uso de leña y emanación de humo.

“Reconocemos que, como toda actividad económica, generamos un impacto al medioambiente y por ello nos gusta llevar a cabo proyectos que mitiguen o compensen los impactos que generamos y reconocemos la vulnerabilidad medioambiental del país, especialmente en el agua potable”, afirma Mendoza.

Simultáneamente, la compañía adoptó una política de sostenibilidad ambiental al interior, para asegurar no solamente el éxito económico, sino también el desarrollo de las comunidades y que sus operaciones dañen lo menos posible el medioambiente.

La compañía estableció metas para cinco años en cuatro indicadores de sostenibilidad que tenían que ver con eficiencia energética (reducir un 20 % el uso de energía necesaria para producir una libra de productos), eficiencia en el uso del agua (un 10 % menos), uso de energías renovables (30 % de toda la energía de la cadena de suministro proviniera de fuentes renovables) y disminución (en 15 %) de los gases de efecto invernadero.

En 2012 se cumplieron estas metas y ahora se han establecido otras más agresivas de cara al año 2020: reducir 40 % uso de energía, 50 % menos utilización de agua, 40 % de reducción en el uso de energía renovable y disminuir un 40 % la emisión de gases. Una meta nueva es eliminar totalmente el envío de desechos sólidos a rellenos sanitarios,  lo que incrementará la cantidad de desecho que reciclan y el presupuesto para el programa Viviendo Verde.

A juicio de Haydée de Trigueros, directora ejecutiva de la Fundación Empresarial para la Acción Social (FUNDEMAS), en aspectos medioambientales siempre habrá oportunidades de mejora, pero lo importante es que “hay más conciencia del rol que poseen las empresas para mejorar la sociedad, mediante las estrategias de RSE y sostenibilidad”.

Investigaciones de esta fundación realizadas en 2012 a más de 500 empresas en El Salvador  indican  que el 50 % de las compañías encuestadas hace  un análisis de su impacto ambiental, el 72 % mide su consumo de energía, un 66.5 % mide su consumo de agua y 52 % posee un programa para la adecuada disposición final de sus desechos. •

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