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Minisatélites regionales van al espacio

Martes, 10 de Enero del 2017 | Escrito por - Pablo Balcáceres•Centroamérica
El primer corto  de ciencia ficción se hizo 114 años atrás: “Un viaje a la Luna”, de Georges Méliès. Una de sus imágenes forma parte de la cultura popular: el rostro de la luna expresa un gesto adolorido, pues ha sido atravesado por una nave espacial en forma de bala. Méliès se basó en las ficciones del literato Julio Verne.

Pero no fue hasta hace casi 60 años que el  espacio exterior dejó de ser una  ficción para la experiencia humana, cuando se llevó a cabo el envío del primer satélite: el Sputnik 1, obra de Rusia. Y desde entonces, el ser humano es capaz de palpar el espacio sideral. Bueno, al menos, las grandes potencias.

Pero los países de Centroamérica quieren su pedacito del espacio. En Costa Rica y Guatemala preparan sendas misiones para enviar minisatélites a la termósfera, ensamblados con un estándar denominado CubeSat.

En ambos proyectos, se trabaja con medidas de 10 centímetros de largo por 10 de ancho y un peso de 2.2 libras.

Podría parecer un juego, pero poner a orbitar un minisatélite  puede costar hasta medio millón de dólares, dependiendo de la complejidad del proyecto.

Costa Rica impulsa el Proyecto Irazú, una alianza entre la Asociación Centroamericana de Aeronáutica y del Espacio (ACAE), el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), el Gobierno costarricense, entre otras empresas financistas e instituciones.

El minisatélite costarricense entraría en la órbita desde el primer semestre de 2018.

En este punto, surge el cuestionamiento: ¿Para qué enviar satélites hacia el espacio? Los promotores sostienen que hay una serie de beneficios, desde científicos, académicos, ambientales y económicos.

Marco Gómez Jenkins, director del Proyecto Irazú, explica que el satélite realizará tareas de medición del crecimiento de los árboles en el bosque de Los Chiles, próximo  a la frontera con Nicaragua.

Para la toma de los datos se implantarán sensores en cada árbol, el dispositivo espacial recogerá la información desde la estación remota y la enviará a un centro de monitoreo.

En la actualidad, las tareas de medición solamente se pueden realizar presencialmente.

El control de dicha variable permitirá estimar con mayor precisión la capacidad de absorción de dióxido de carbono (CO2). Esto se ajusta en la estrategia de Costa Rica, de convertirse en  carbono neutral para el año 2021.

“Exactamente esa fue clave del éxito cuando estábamos recaudando fondos: el Proyecto Irazú tiene un propósito científico y también está alineado con los intereses del país”, explica Gómez Jenkins.

La inversión asciende a unos $500,000, obtenida de aportes de los participantes y donaciones. Asimismo, en marzo pasado se culminó una campaña en la red de crowdfunding Kickstarter, en la cual se recaudaron $81,369.

“La campaña de Kickstarter fue un método innovador de recolección de fondos, cuando comenzamos la gente estaba muy entusiasmada pero a la vez confundida con este método, entonces informamos al público no solo del proyecto, sino la credibilidad de la plataforma”, relata Gómez Jenkins.

Más al norte de la región, Guatemala no se quiere quedar fuera de la carrera espacial. La Universidad del Valle (UVG) trabaja en un CubeSat, proceso que inició hace cuatro años. “Desde el punto de vista ingenieril, el proyecto actualmente se encuentra en la fase final de diseño por lo que estamos buscando apoyo financiero para poder comprar los componentes necesarios y continuar con la integración de cada subsistema y con la fase de pruebas”, explican Víctor Hugo Ayerdi y Luis Zea, co-coordinadores del proyecto guatemalteco.

La inversión total para lanzar el primer satélite ronda los $250,000, de los cuales la UVG ya invirtió $50,000. Asimismo, buscan unos $75,000 para componentes y otros $125,000 para el lanzamiento.

Más allá de que un país centroamericano eleve su nombre afuera de la estratósfera terrestre, los beneficios podrían alcanzar a toda la región.

“Nuestro satélite habría de sobrevolar todo el territorio centroamericano, por lo que existen oportunidad de trabajos conjuntos con universidades y centros de investigación”, apuntan los desarrolladores en Guatemala.

La visión de largo plazo de la UVG contempla la fabricación de un segundo CubeSat, con sensores capaces de monitorear variables como la presencia de la cianobacteria, que amenaza al lago de Atitlán, solo por mencionar un ejemplo.

De la Tierra al espacio
 
¿Cómo se lanza un satélite?

El Proyecto Irazú contempla hacerlo mediante un convenio de cooperación con Japón, por medio del cual una misión llevaría el satélite hacia la Estación Espacial Internacional, explica  Diego Monge, director de Proyectos de la Asociación Centroamericana de Aeronáutica y del Espacio (ACAE).

Desde el laboratorio Kibo, en la mencionada estación, se liberará el satélite, el cual entraría en la órbita baja terrestre (específicamente llamada termósfera, que va desde los 85 kilómetros de altura hasta los 650 km) por un período de seis meses, antes de que pierda altura y regrese a la Tierra.

Utilizar cohetes propios tiene un precio prohibitivo. En atención a esta realidad, la UVG buscará hacerlo mediante organizaciones fuera de Latinoamérica.

“Lo que se hace es que los CubeSats se envían como ‘cargas secundarias’ y su órbita suele estar restringida a donde vaya destinada la carga principal, normalmente un satélite enorme de cientos de millones de dólares. Por eso, uno discute con compañías para determinar cuál de las órbitas a donde van a lanzar una carga principal es la que mejor acomoda la misión”, explican los representantes de la misión guatemalteca.
 
Al tratarse los países centroamericanos de naciones con grandes desafíos de desarrollo, ¿tiene un sentido económico invertir recursos en las misiones espaciales? Ese es uno de los cuestionamientos que han debido sortear este tipo de proyectos.

“Nos tocó empezar a cambiar la mentalidad y decirle a la gente que el desarrollo de la ciencia y tecnología tiene una serie infinita de beneficios, no solo la investigación científica como tal, sino que es una carta de presentación poderosísima del país ante el mundo o cuando viene una transnacional y pregunta si los profesionales del país están al nivel como para traer una inversión”, relata Monge.

María Mercedes Zaghi, representante de Space Apps Challenge en Guatemala, coincide con el impacto de cara a la inversión extranjera, pero además señala la importancia de que las propuestas tengan una aplicación sensata.

“Tienes que tener un proyecto con un sentido económico y viable, en  realidad el reto no es solo enviarlo, sino para qué, para mejorar la vida en la Tierra”, apunta Zaghi.

De hecho, Centroamérica está inquieta por el espacio. Los jóvenes en la región también manifiestan su entusiasmo.

En abril del año pasado, Guatemala participó por cuarta vez en Space Apps Challenge, con más de 200 jóvenes brindando soluciones en resolver los desafíos dados por la NASA, auspiciadora de la actividad. En agosto  Ad Astra Rocket, del astronauta costarricense Franklin Chang Díaz, inició su segundo año de tres en el contrato con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA) para diseñar motores de plasma para naves espaciales, un invento que podría volver más factible las misiones humanas hacia Marte.

Así, el espacio se encamina a dejar de ser para la región nada más una proyección de Méliès, y territorio único de las grandes superpotencias. Ahora Centroamérica va a su conquista. •

 

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