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Mexicanos iracundos usan su ausencia para protestar contra Trump

Jueves, 16 de Febrero del 2017 | Escrito por - Jude Webber
El domingo pasado, miles de mexicanos en Tijuana hicieron algo inusual. Se quedaron en casa.

La vida en la sórdida ciudad fronteriza gira en torno a "la línea": muchos habitantes viven a un lado y cruzan al otro para ir a la escuela, al trabajo o las tiendas cada día, sintiéndose más integrado con EUA que con la Ciudad de México, que se encuentra a casi 1,500 millas y a una zona horaria de distancia hacia el sur.

Pero estimulados por el hashtag #UnasHorasPorMéxico en los medios sociales, los manifestantes dejaron de cruzar la frontera desde las 8 a.m. hasta las 3 p.m. del 5 de febrero en protesta contra las restricciones a la inmigración impuestas por Donald Trump y sus diatribas antimexicanas.

El objetivo era simple: hacer sentir la presencia de los mexicanos mediante su ausencia. En lugar de "mexicanos al grito de guerra", como dice la primera línea del himno nacional, los organizadores de la protesta de Tijuana la llamaron "consumidores al grito de guerra".

Como la mayoría de las protestas contra Trump en México desde su toma de posesión el mes pasado, fue en gran medida simbólica. Pero puso de manifiesto el profundo disgusto al sur del Río Bravo hacia la promesa del nuevo presidente de EUA de construir un muro en la frontera y cobrarle a México por el privilegio de estar encerrado, y sus promesas de expulsar a los "bad hombres" y los inmigrantes ilegales de EUA.

Quizás la forma más popular que han utilizado los mexicanos para mostrar sus sentimientos ha sido cambiar sus fotos de perfil en medios sociales a la imagen verde, blanca y roja de la bandera mexicana.

El patriotismo descarado se aprovecha de la confusión, la perplejidad y la franca consternación que muchos mexicanos sienten al ver a EUA — el cual México ha admirado durante mucho tiempo — comportarse más como un gobierno de pacotilla que como un faro de esperanza para el mundo libre.

Pero las discusiones sobre boicots a Walmart, la cadena estadounidense que es la mayor minorista de México, o de la cafetería Starbucks, no han logrado mucho en un país que es tanto orgullosamente nacionalista como gran fanático de todas las cosas estadounidenses. Los mexicanos simplemente no podrían vivir sin Coca-Cola y han adoptado la dona estadounidense como favorita junto con tacos y tamales.

Conforme aumenta el ritmo de las protestas, apenas pasa un día sin que el gobierno de Enrique Peña Nieto emita exhortaciones a la unidad y a la solidaridad, a pesar de su singular incapacidad para lograr ninguna de las dos durante gran parte de su ejercicio. Defender el honor y la dignidad de la nación es un mensaje que resuena profundamente en los mexicanos que se sienten insultados por el tono del Sr. Trump y perturbados por su aparente deseo de cumplir todas sus promesas de campaña.

Está claro que el presidente de EUA no sabe casi nada sobre México, pero los consumidores estadounidenses saben mucho más. Para las fiestas del Super Bowl del domingo pasado, México suministró 35,000 toneladas de aguacates para el guacamole. Y hay pequeñas victorias: las ventas de salsa roja mexicana en EUA están a punto de superar las de kétchup y los estadounidenses comen más tortillas que pan para sándwiches.

La efusión de orgullo nacional le da al Sr. Peña Nieto una narrativa práctica. Golpeado por escándalos, una economía débil y el aumento de la delincuencia, había llegado a sus últimos dos años en el cargo con la popularidad a un nivel mínimo histórico del 12 por ciento.

Pero la unidad no es simplemente "todos juntos gritando y agitando banderas", como dijo el veterano político izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas. La oposición al Sr. Trump no debe distraer del trabajo inconcluso de luchar contra la corrupción, y de exigir la rendición de cuentas de quienes están en el poder.

El Premio Nobel mexicano Octavio Paz escribió: "Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado". Ahora deben demostrar que el fallecido poeta se equivocó en otra de sus observaciones: "La resignación es una de nuestras virtudes populares".

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