Finanzas

Las remesas están bajo la lupa de los supervisores

Martes, 2 de Mayo del 2017 | Escrito por - María José Saavedra FOTO:El Economista/Archivo
Los expertos señalan que “hay que seguirle la pista al dinero, si uno quiere encontrar verdades escondidas”. La lógica de esta máxima es muy parecida con la que operan los controles de los sistemas financieros en el mundo y por lo que buscan traer la mayor transparencia posible a cualquier transacción.

Con el paso del tiempo, dicha tarea se ha vuelto un verdadero reto, sobre todo en el lavado de dinero. El crimen evoluciona y cada vez hay más ingenio para operar en la opacidad y la cobertura de los controles debe ampliar su sombrilla.

Por eso cuando las autoridades salvadoreñas comenzaron a revisar sus controles a la luz de las recomendaciones internacionales no hubo manera de obviar a las transferencias personales, popularmente conocidas como remesas familiares.

Desde los años ochenta, el éxodo de salvadoreños, principalmente hacia Estados Unidos, abrió una ruta de dinero que se mantiene y crece.

El papel de las remesas en la economía es vital, sin ellas las condiciones de pobreza en el país serían mayores.

Solamente en 2016, cada minuto ingresaba a los hogares salvadoreños $8,255 en concepto de remesas, $11.88 millones por día. Así, al final de un mes, el país recibió en promedio $356 millones y para el cierre del año el monto acumuló $4,279 millones.

El Salvador fue el año pasado el mayor receptor de Centroamérica recibiendo $1 de cada $4 recibido en remesas en el istmo. En la economía, significó casi $0.17 de cada dólar producido.

Pero ¿cómo se relacionan las remesas y el lavado de dinero?, ¿es un campo fértil para este ilícito?, ¿los controles podrían detectar algo anormal?

Controles en “modo on”

Para la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF) y el Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR), supervisor y regulador de sistema financiero, respectivamente, cerrar los portillos para que el crimen organizado no ocupe al país como lavadero de dinero y de activos, y de financiamiento al terrorismo es una prioridad.

Por eso en 2015 se reformó la Ley de Supervisión y Regulación del Sistema Financiero en el que se incluyó como requisito para que los entes financieros que reciben remesas se registren debidamente. Además crearon una normativa para este registro y autorización por parte de la SSF para recibir y trasladar el dinero a los beneficiarios. Estas líneas entraron en vigor en enero del año pasado.

De acuerdo con datos de la SSF, hay registrados 12 entes económicos autorizados para este tipo de operación, en consecuencia el permiso alcanza a las sucursales o puntos de atención de estos.

Con la reforma, el país se acercó aún más al cumplimiento de las 40 recomendaciones que hace el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) contra el lavado de dinero y activos.

Al cierre del año pasado el supervisor logró recoger información más detallada a nivel geográfico sobre la recepción de dinero desde el exterior, lo que permitió identificar por departamento y municipio quiénes son los mayores receptores.
(Ver mapa y tabla).

Desde luego esto no se convierte en una herramienta de inferencia directa para decir que estas zonas reciben dinero ilícito, ni nada por el estilo, explica Cosette Fuentes, gerente de Servicios Legales de Deloitte El Salvador.
Pero esa información del flujo de remesas segmentada por área geográfica sí se vuelve una herramienta para la “oportuna y adecuada supervisión”, señala la SSF.

Ricardo Perdomo, titular de la SSF, señala que hay avances positivos en los controles para evitar el lavado, pero van por más. De hecho, una de las peticiones de la institución a futuro es que la Ley de Lavado se reforme a fin de incluir que se compartan los reportes de operaciones sospechosas a la superintendencia así como las recibe la Fiscalía General de la República (FGR), cuyo objetivo es eliminar otro límite para supervisar y aplicar controles más efectivos.

De momento, si hubiera sospecha de que el canal remesero es utilizado para este ilícito la alarma del sistema financiero se encendería si en un mes una sola persona alcanza o supera el monto acumulado de $10,000 en concepto de remesas. Otra manera es que el ente receptor de los fondos sospeche algo del cliente por la falta de identificaciones, y lo reporte.

¿Lavando remesas?

El blanqueo por medio de remesas es básicamente con efectivo, para eso un tercero puede prestarse a enviar dinero que provenga de actividades ilícitas. Pero también puede ser que el destino sea ilícito, siendo enviado, siempre por un tercero a alguien que cometerá acciones al margen de la ley.

Una de las razones que paradójicamente puede volver atractivo el canal de las remesas para lavar dinero es que los montos que se mueven son pequeños como para levantar sospechas en el sistema. Pero al mismo tiempo esto se convierte en una desventaja para el crimen, porque no es posible blanquear grandes cantidades en una sola transacción, explica Fuentes.

René Maldonado, coordinador del programa de Remesas e Inclusión Financiera, del Centro de Estudios Monetarios de Latinoamérica (CEMLA), hace énfasis en que los tamaños de cada transacción en concepto de trasferencias personales no logran el atractivo para el lavado.

“Se reconoce de forma general que los flujos de remesas, por los tamaños de los envíos individuales, así como por los controles que existen en el procesamiento de cada envío, no son opciones para el trasiego internacional de recursos de procedencia ilícita”, señala Maldonado.

En promedio, para el caso salvadoreño, por remesa se envían cerca de $358 que son en su mayoría enviados para la manutención y gastos familiares con una periodicidad mensual, según un estudio que desarrolló el CEMLA junto al BCR.

El experto explica que el nivel de caracterización que el país ha logrado sobre el mercado de remesas, la comparación de los datos macro como la evolución del mercado laboral de Estados Unidos, la migración de salvadoreños y flujos históricos, y la supervisión aplicada, por un lado disminuyen la oportunidad de lavar dinero.

Los controles están y la probabilidad del lavado en los canales remeseros parece estar a raya. Pero dentro de las entidades supervisadas, el reto es que no exista mercado informal de emisión y recepción de remesas.




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