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Goldman Sachs enfrenta grandes pérdidas debido al plan de reestructuración de deuda de Venezuela

Martes, 14 de Noviembre del 2017 | Escrito por - Robin Wigglesworth
Es probable que la división de manejo de activos de Goldman Sachs sufra una multimillonaria pérdida en papel por una polémica compra de bonos venezolanos que hizo este verano, después de que el país anunció abruptamente que estaba intentando reestructurar su deuda externa.

Ricardo Penfold, un alto gerente de cartera de Gestión de Activos de Goldman Sachs (GSAM, por sus siglas en inglés), a comienzos de este año se precipitó sobre una buena parte de un bono emitido por PDVSA, la compañía petrolera estatal de Venezuela, según personas familiarizadas con el asunto. El Sr. Penfold pagó US$865 millones por los bonos con un valor nominal de US$2.8 mil millones — apenas 31 centavos por dólar — lo cual refleja los elevados riesgos de impago, incluso en ese momento.

Aunque desde entonces GSAM ha vendido partes del bono, aún estaba listado como el mayor propietario global del bono de PDVSA que vence en 2022, con activos con un valor nominal de US$1.3 milmillones al final del tercer trimestre.

Pero con el anuncio del jueves de que Venezuela trataría de reestructurar todos sus bonos extranjeros, el bono ahora se está cotizando a 25 centavos por dólar, menos que los 29 centavos a inicios de la semana pasada. Eso se traduciría en una pérdida en papel de US$54 millones en sólo cinco días si GSAM no ha reducido su participación desde el final del tercer trimestre.

"La oposición ya ha dicho que no honrará ese bono, así que se corre un enorme riesgo al comercializarlo", dijo Russ Dallen de Caracas Capital.

GSAM aparece como el mayor propietario global de deudas de PDVSA, según datos de Bloomberg basados en documentos de los fondos, con activos con valor nominal de US$1.8 mil millones.

El acuerdo realizado en el verano fue particularmente polémico, y atrajo condenas de la oposición venezolana y el senador estadounidense Marco Rubio, ya que en efecto constituyó una inyección de efectivo para el gobierno cada vez más autocrático dirigido por Nicolás Maduro. GSAM compró el bono a través de un intermediario, pero fue vendido por el banco central.

Muchos inversionistas que estaban apostando a que Venezuela lograría evitar el impago enfrentan pérdidas. Los bonos de Venezuela se vieron muy afectados después de que el Sr. Maduro anunció planes para reestructurar la deuda de US$89 mil millones.

GSAM y otros grandes inversionistas en bonos venezolanos — como Fidelity, T Rowe Price y Ashmore — aún podrían terminar obteniendo ganancias de sus compras de bonos venezolanos, pues los analistas esperan que el último "valor de recuperación" de la deuda venezolana sea superior al valor al que los bonos se están cotizando ahora.

Sin embargo, los planes de Venezuela de reestructurar sus deudas están plagados de complicaciones. El enredo de los bonos emitidos por el país y PDVSA es difícil de desentrañar, y las exportaciones de petróleo — el único salvavidas financiero del país — son vulnerables a embargos por parte de acreedores litigantes.

Sin embargo, el mayor escollo pueden ser las sanciones de gobierno estadounidense contra Venezuela, dadas a conocer en agosto tras la compra hecha por GSAM. En la práctica, prohíben que las instituciones estadounidenses participen en cualquier reestructuración de la deuda venezolana.

Venezuela debe aproximadamente US$750 millones en bonos en mora y enfrenta otros US$965 millones de pagos de intereses durante los meses de noviembre y diciembre, calcula Patrick Esteruelas, director general de investigaciones de Emso Asset Management. Si Caracas se ha quedado sin dinero — y Rusia o China se niegan a otorgarle más préstamos a Venezuela — tendrá que caer en impago. Pero mientras las sanciones estadounidenses permanezcan en vigor, esto empujará a Venezuela hacia un purgatorio financiero de un prolongado impago de deuda irresoluble.

"Si no pueden pagar y no pueden reestructurar, todo lo que pueden hacer es caer en impago", dijo Robert Koenigsberger, jefe de Gramercy, una empresa de gestión de activos enfocada en los mercados emergentes. "Incluso sin las sanciones, habría sido una reestructuración de deuda excepcionalmente difícil. Y creo que eso aún no se refleja en los precios".

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