Market

Prosperidad motiva a Alemania a volcarse hacia adentro

Martes, 5 de Diciembre del 2017 | Escrito por - Philip Stephens
¿Cuándo fue la última vez que una nación colapsó bajo el insoportable peso de su prosperidad? Para un visitante en Berlín, las conversaciones de la coalición de Alemania oscilaban entre la despreocupación y la petulancia. En otros países, los políticos europeos están luchando por equilibrar sus presupuestos reduciendo el gasto en educación y limitando las pensiones. Angela Merkel y sus posibles socios de coalición pasaron un infructuoso mes discutiendo cómo repartir los ricos botines provenientes del éxito económico.

Si les crees a los titulares, el fracaso del partido Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU, por sus siglas en alemán) de la canciller, y de su partido hermano, la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU, por sus siglas en alemán), en llegar a un acuerdo con los económicamente liberales miembros del Partido Democrático Libre (FDP, por sus siglas en alemán) y con los Verdes de izquierda ha sumido a la nación en una crisis. Nadie les informó de esto a los adinerados compradores navideños que atestan las tiendas de Berlín. Los salarios son altos, el desempleo es bajo y el Gobierno está atiborrado de efectivo. ¿Crisis?, se preguntan los alemanes, ¿cuál crisis?

El país se ha volcado hacia adentro y hacia la derecha. La política de la abundancia pudiera haber persuadido a una generación anterior de políticos de la posguerra a que elevaran su mirada hacia el futuro de Europa. No de la actual. Lo que hoy día se percibe es una visible irritación con los problemas de los socios menos afortunados de Alemania dentro de la eurozona. Si quieren tener éxito, deberían comportarse más como, bueno, Alemania.

¿Qué fue lo que dijo la Sra. Merkel no hace mucho tiempo acerca de levantar la antorcha de los valores democráticos liberales y trabajar con el presidente francés, Emmanuel Macron, para promover la causa de la integración europea? Según el relato de quienes están involucrados en las conversaciones, la canciller ahora profesa indiferencia. Un acuerdo de coalición no debiera decir nada para ofender directamente al Sr. Macron. Por otra parte, no necesita establecer ningún compromiso.

El fracaso de las conversaciones conmocionó a la clase política dirigente de Berlín. Todos habían previamente acordado que se llegaría a un acuerdo porque las alternativas de un gobierno minoritario o de otra elección eran impensables. El voto del “brexit” en el Reino Unido, Donald Trump en EUA, e incluso el éxito del partido nativista Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán) en las elecciones de septiembre: estas son cosas que deberían habernos enseñado que la política ya no se juega siguiendo las viejas reglas.

Tal vez Alemania tenga que acostumbrarse a una nueva dinámica. Al obtener casi el 13 por ciento de los votos, el partido AfD cambió la aritmética de la construcción de coaliciones tradicional. Si se agrega su participación al puntaje del 9 por ciento del partido excomunista Die Linke (La Izquierda), más de un quinto de los escaños en el Parlamento Federal están ahora ocupados por parlamentarios rechazados por la corriente política principal. Por lo tanto, las permutaciones para lograr coaliciones viables se han reducido.

El cálculo político por parte de los Demócratas Libres, en vez de colisiones políticas irreconciliables con los Demócratas Cristianos y con los Verdes, fue lo que acabó con las esperanzas de la Sra. Merkel de lograr una coalición con estos partidos. Existían verdaderas diferencias —en referencia con los controles de inmigración, con el cambio climático, con Europa, y con los impuestos y el gasto—, pero una combinación de acuerdos y concesiones habían prácticamente cerrado las brechas entre los Verdes y la CSU.

Los negociadores tenían dinero de sobra. Públicamente, ellos reconocieron que el aumento de los superávits presupuestarios federales le daría a un nuevo gobierno una ‘dote’ de €30 mil millones para gastar en recortes de impuestos o en aumentos de gastos durante su primer año. Según una fuente informada sobre la materia, la cifra real estaba más cerca de los €60 mil millones. Los políticos la mantuvieron en secreto porque hubiera sido incómodo admitir tales riquezas mientras los vecinos de Alemania luchan con la austeridad.

La decisión del FDP de colapsar las conversaciones se debió más al posicionamiento político que a los argumentos sobre impuestos y gastos. El partido aún no se ha recuperado del trauma de su última coalición con la Sra. Merkel, un interludio que presenció su aniquilamiento en el Parlamento en las subsiguientes elecciones.

Su joven líder, Christian Lindner, ha decidido que esta vez el partido debería adoptar una actitud nacionalista. Él ha acogido un enfoque más radical en contra de los planes de la eurozona del Sr. Macron y ha endurecido su postura sobre la migración.

Por su parte, la Sra. Merkel está pasando por unos momentos difíciles, pero no está acabada.

Los miembros descontentos de su propio partido carecen de un candidato alternativo. Los expertos actualmente parecen estar seguros de que ella se verá forzada a participar en otra elección. Pero pudieran estar equivocados. Después de una contundente derrota en septiembre, cuando obtuvo los peores resultados electorales de su historia, el Partido Socialdemócrata (SPD, por sus siglas en alemán) se rehusó a unirse a otra gran coalición. Pero, ¿realmente preferiría una segunda elección? La canciller ha declarado que no quiere liderar un gobierno minoritario. Ella también pudiera cambiar de opinión.

Alemania no quiere nada que perturbe su actual buena suerte. La Sra. Merkel tiene el aspecto de una política a quien se le han acabado la energía y las ideas. “Fue lo correcto”, ella ha insistido en relación con su decisión en 2015 de abrir las fronteras de Alemania a la ola de refugiados sirios. Pero luego viene la salvedad: “Prometo no volver a hacerlo nunca más”. La contradicción ofrece una descripción justa del estado de ánimo político de la nación.

----------------------------------------------------
©The Financial Times Ltd, 2017. Todos los derechos reservados. Los usuarios no pueden copiar, enviar por correo electrónico, redistribuir, modificar, editar, extraer, archivar o crear trabajos derivados de este artículo.

MÁS DE TU INTERÉS

comments powered by Disqus