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Por qué Trump y Xi no pueden evitar una guerra comercial

Viernes, 13 de Abril del 2018 | Escrito por - Shawn Donnan
Ha sido muy fácil ver la semana pasada cómo podría comenzar una guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo. US$50 mil millones en aranceles por aquí, otros US$100 mil millones en aranceles por allá. Antes de que nos demos cuenta, sentiremos los efectos del muy real equivalente de misiles comerciales desde Chattanooga hasta Chongqing.

Pero lo que puede hacer que una guerra comercial sea más probable es que es difícil ver cómo se puede evitar ahora que se han hecho las amenazas y contra amenazas.

Para Donald Trump, no cumplir con los aranceles que ha amenazado, si China no ofrece un cambio significativo en su régimen de propiedad intelectual y modelo económico, sería un acto de debilidad geopolítica. Del mismo modo, si Xi Jinping se doblega ante la amenaza de los aranceles y lleva a cabo las reformas sustantivas que exige la administración Trump, sería un acto de autolesión política.

No hay una salida aparente que no implique conflicto o algún tipo de capitulación.

Esa dinámica se reflejó en un intercambio el viernes pasado entre Larry Kudlow, el nuevo principal asesor económico del Sr. Trump, y un periodista chino que, como dos docenas de periodistas, se había reunido en una sala de conferencias de la Casa Blanca para escuchar la decisión del Sr. Kudlow sobre la escalada de US$100 mil millones en aranceles que su jefe había anunciado la noche anterior.

"El presidente Xi Jinping, literalmente, no tiene muchas opciones", le dijo el periodista chino al Sr. Kudlow, "porque hay un alto nacionalismo en China. Según mis observaciones, 90 por ciento de los chinos están dispuestos a enfrentarse con EUA en una guerra comercial. Pero en EUA no creo que 90 por ciento de los estadounidenses estén dispuestos a luchar. Entonces, ¿cómo puedes esperar que China retroceda en esta situación?", preguntó.

La pregunta hizo que el ex comentarista y experto televisivo se detuviera.

“¿Quiere China ser parte del sistema económico y comercial global?", el Sr. Kudlow eventualmente respondió. "Están en una posición imposible, amigo mío". No pueden seguir violando las leyes comerciales como lo han hecho durante más de 20 años. No tienen a nadie que los apoye. No es una cuestión de guardar las apariencias. Se trata de que una economía mundial de primera clase se integre al resto del mundo".

El intercambio demostró lo que parece ser un importante error de cálculo en Washington en estos días. La administración Trump parece estar dispuesta a ignorar la dinámica interna de China mientras persigue objetivos que dependen de que los líderes de China cumplan con sus demandas.

En un mundo "EUA Primero" eso tiene sentido. El Sr. Trump cree que con sus aranceles destinados a décadas de robo de propiedad intelectual y con su voluntad de llevar a EUA a una guerra comercial, él está ejerciendo presión para obtener concesiones de Beijing. Las décadas de esfuerzos silenciosos por parte de administraciones estadounidenses pasadas para lograr que China cambie sus caminos han fracasado, argumenta su administración. Beijing ha roto sus promesas con demasiada frecuencia para que se vuelva a confiar en vagas promesas, sostienen los asesores del Sr. Trump.

La administración Obama tenía otra idea sobre cómo ejercer presión sobre Beijing, por supuesto.

Sus miembros también habían llegado a la conclusión de que el orden comercial existente no funcionaba y que se necesitaba una respuesta diferente hacia China. Su idea, sin embargo, era construir alianzas comerciales regionales a largo plazo fuera de la Organización Mundial del Comercio y utilizarlas para incorporar nuevas reglas en la economía global que Beijing finalmente se vería obligado a seguir.

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) del que el Sr. Trump se retiró en su primer día completo de trabajo de su presidencia tenía la intención de hacer exactamente eso. También tenía esta intención otro acuerdo comercial "mega-regional" con la UE que los funcionarios y las empresas vieron como una forma de dar mayor ’peso’ global a los valores transatlánticos, las normas y los estándares técnicos frente al desafío de China.

Mientras que el Sr. Trump y sus asesores favorecen enfrentamientos cortos y agudos para luchar batallas existenciales, sus antecesores preferían la arquitectura estratégica. Pero ambos tenían en mente la misma guerra de innovación estratégica con China.

Es probable que esa guerra de innovación vaya más allá de cualquier guerra comercial que el Mr. Trump pueda iniciar. Y ésta es otra razón más por la cual una guerra comercial parece más probable que no.

Ninguno de los lados está — o debería estar — dispuesto a capitular en las guerras de innovación tampoco. Hacerlo sería perder el siglo XXI. La escala de lo que las partes están luchando es, en sus mentes, mucho mayor que el daño que pueda causar cualquier guerra comercial, cualesquiera que sean los esfuerzos que puedan hacer para calmar los temores en los mercados financieros o entre la industria.

Los aranceles del Sr. Trump son una forma en que él y sus asesores piensan que deberían luchar contra esas guerras de innovación, aunque sea sólo para evitar que China pueda obligar a las empresas a entregar conocimientos técnicos como un costo de entrada al mercado chino. También quieren erigir nuevas restricciones a las inversiones chinas en EUA, que han recibido menos atención, para evitar que las empresas respaldadas por Beijing compren tecnología estadounidense.

Pero es poco probable que los líderes chinos permitan que esto ocurra sin represalias. Ambas acciones están dirigidas en contra de lo que Beijing ve como un impulso fundamental para asegurar su papel de liderazgo mundial en tecnologías avanzadas como la robótica y el a menudo citado plan "Hecho en China 2025" para la economía china del Sr. Xi.

Lo que nos lleva de vuelta a por qué una guerra comercial parece tan probable: ninguno de los dos bandos parece dispuesto a capitular.

Grupos empresariales, economistas e inversores de todo el mundo se han pasado la semana pasada pidiendo negociaciones y exhortando al Sr. Trump y a sus adversarios chinos a "darle una oportunidad a la paz". Pero entre más lo analizas, parece menos probable. Sabemos cómo va a comenzar esta guerra comercial. No sabemos cómo se puede evitar.

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