Muchas preguntas y pocas respuestas sobre el futuro de la UE

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Miércoles, 26 de Diciembre del 2012 | Escrito por - DPA
La crisis en Europa abre una gran cantidad de incógnitas. ¿Se desvanece o se hace más grande? ¿Europa se hace más fuerte o está en el final de sus fuerzas? ¿Se necesita más Europa o menos? ¿Habrá en el futuro un norte rico y un sur pobre, una Europa de dos velocidades, o una Europa "à la carte", de la que cada uno tomará lo que quiere?

Desde comienzos de 2010, los jefes de Estado y de gobierno de los 27 países miembro de la Unión Europea (UE) intentaron contestar estas preguntas en nada menos que 21 cumbres.

Se trató de mantener unido el bloque comunitario y con vida la eurozona, a la que pertenecen 17 países. Pero también surgió una y otra vez la pregunta acerca de cómo debe ser el futuro a largo plazo de la UE.

Todavía no hay respuestas concluyentes. Javier Solana, exresponsable de política exterior de la UE, escribió como consuelo en un texto conjunto con el exministro de Economía de Turquía Kemal Dervis: "El hecho de que la UE no halle siempre de inmediato todas las soluciones a sus problemas no significa que no tenga futuro".

La crisis de deuda y del euro liberó tensiones y fuerzas centrífugas, que también serán muy importantes en los próximos años, señalaron diplomáticos y expertos de "think tank" europeos.

"La nueva frontera interior europea aparentemente pasa entre el norte, con una mayor disciplina presupuestaria, y el sur endeudado, y no, como se temía en el pasado, a lo largo de la frontera entre Oriente y Occidente", opinó la presidenta de la fracción de los Verdes en el Parlamento Europeo, Rebecca Harms, sobre la situación en los mercados financieros.

El límite entre aquellos que están cerca del máximo de déficit y deuda permitido acordado en los tratados y gozan de la máxima solvencia y aquellos a quienes se les pide al mismo tiempo ahorro y crecimiento no es la única nueva frontera. Se agrega la que existe entre los 17 países de la eurozona y las 10 naciones que no pertenecen a la unión monetaria. Este último grupo no quiere ser solo espectador de las decisiones de los 17 miembros de la zona euro, que casi siempre tienen impacto en toda la UE.

La eurozona reconoce la necesidad de una mayor colaboración, pero no quiere que sus decisiones sean dependientes de la aprobación de los 27 países miembro del bloque comunitario.

En círculos de los 27 hay opiniones muy diferentes acerca del futuro de la UE.

"Los países de la eurozona pueden hacer lo que consideren necesario para solucionar la crisis. Pero el futuro de la UE en general ya no se encuentra en la centralización y la uniformidad, sino en la flexibilidad y la geometría variable", dijo el ministro de Relaciones Exteriores británico, William Hague. La "desilusión" sobre la UE en la opinión pública de su país "es tan grande (en la actualidad) como nunca antes".

Otros lo ven de otra manera. "Más Europa", insta el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, mientras que un grupo de países impulsado por el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, quiere una "unión política".

Lo importante ante todo es qué se quiere decir con estos términos. "Más Europa" puede significar más control europeo sobre los presupuestos de los países individuales, pero también la entrega de soberanía nacional a Bruselas o más deudas en común.

En el futuro no solo se trata de la fuerza de la UE, sino también de su tamaño.

A mediados de año Croacia se convertirá en el socio número 28 del bloque comunitario, en el caso de que Zagreb cumpla con todos sus deberes.

Y tras las experiencias negativas con el ingreso de Rumania y Bulgaria en 2007, los países miembro quieren examinar muy bien quién accede al club, lo que podría causar problemas.

Otros aspirantes ya esperan, pese a la crisis: Islandia, Turquía y los otros países de los Balcanes occidentales esperan con diferente impaciencia el acceso a la UE.

Al mismo tiempo en Cataluña y Escocia ganan fuerza movimientos independentistas.

"O Europa se dirige a una división más fuerte de la soberanía o podría desintegrarse", opinaron Solana y Dervis.

Pero cada vez más, los ciudadanos tienen la impresión de que una limitada cifra de países decide sobre el futuro de la UE: "Una sensación semejante podría hacer imposible todo el proceso", advirtieron.

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