| Escrito por Amparo Aguilera/El Economista | |||
| Martes, 05 de Febrero de 2013 15:00 | |||
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Después de una caída del 15% en la inversión privada en 2009, algunos empresarios nicaragüenses han decido apostar a su país, al igual que como lo hacen los extranjeros.
El presidente de la Cámara Nicaragüense de la Construcción (CNC), Benjamín Lanzas, asegura que hay inversiones locales, entre las que destaca, por ejemplo, la del nuevo Hospital Militar Escuela Alejandro Dávila Bolaños, del Ejército de Nicaragua. La obra totaliza una inversión de $92 millones, de los cuales $66.6 millones fueron financiados con fondos del Gobierno de México a través de un préstamo del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el resto con fondos nacionales. El nuevo hospital, considerado de gran impacto para el sistema de salud nacional, ocupará una superficie de 47,000 metros cuadrados y prevé la puesta en función de más de 400 camas; 66 áreas para consultas, así como equipamiento médico de alta tecnología, para garantizar una respuesta a las necesidades de servicios de salud de la población. No obstante, es en turismo donde más sobresale el escaso desembolso local. Una muestra de eso es el megaproyecto Guacalito de la Isla, del Grupo Pellas, el cual implica un total de $250 millones. Solo la primera fase, que ya se inauguró, conllevó $120 millones. Carlos Pellas, presidente del emporio, subraya que ha decidido apostarle al país porque quiere contribuir a su desarrollo. “Lo que un inversionista busca es ver lo que están haciendo los locales; entonces, lo que estamos haciendo (con Guacalito) es dar el ejemplo: invertimos en Nicaragua para que otros vengan y se entusiasmen”, expone. Rompe esquemas Guacalito de la Isla es uno de los proyectos locales iconos en Nicaragua. La primera etapa de la megaconstrucción, que para su inauguración acaparó la atención de la élite empresarial del istmo, incluye el lujoso Mukul Boutique Resort, con 37 villas y bohíos y con un spa. Además, concentra un club de playa con todas las actividades como kayaking, snorkeling, stand up paddle, surfing. A eso se agregan caminatas en la montaña, bicicleta, tour de flora y fauna, tour de observación de aves, pesca y buceo. También cuenta con un campo de golf de clase mundial con 18 hoyos diseñado por el afamado David Mclay Kidd; y el restaurante La Mesa, con especialidades nicaragüenses e internacionales con una fusión latina. Guacalito también es único por su enfoque ambiental y sostenible. Una muestra de eso es la reforestación que han iniciado en la zona. Solo en 2012, el grupo se planteó la meta de sembrar 300,000 árboles. Y esta medida ya está causando un gran impacto. “Ver lo verde es sensacional. Hasta ahora no existe un proyecto como este (en la región)”, dijo el presidente del salvadoreño Grupo Poma, Ricardo Poma, uno de los invitados a la inauguración del resort. “En la región hay proyectos pequeños con playa, spa y golf. Nosotros en Guanacaste (Costa Rica) tenemos uno, pero Guacalito tiene un concepto novedoso, no son comparables. Guacalito tiene una sostenibilidad económica y ambiental”, enfatizó Poma. El resort, en su primera etapa, tiene una capacidad para 80 personas, pero en la comunidad residencial de Guacalito de la Isla la capacidad total será de 250 familias, una vez que concluyan todas sus etapas. En la segunda etapa, cuya inversión será de $130 millones, se construirá un segundo hotel de 100 habitaciones, un área comercial, un aeropuerto para jets privados y una pequeña marina. Además, se ampliará el área residencial y recreativa. La culminación de esa segunda etapa podría conllevar 10 años. Pellas dice que espera que dentro de 15 o 20 años, “(el complejo) sea visto como la chispa que despertó a Nicaragua como destino turístico”. Por su parte, el presidente del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), Mario Salinas, enfatiza que Guacalito viene a dar un cambio importante en la oferta turística nacional. Expone que vendrá a fortalecer la imagen del país en el mercado medio-alto y animará a que otros grupos empresariales consideren al país en sus desarrollos. Más que turismo Por su parte, Lucy Valenti, expresidenta de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), asegura que a su juicio hay inversión nacional en turismo, pero no de la envergadura de Guacalito. “Hay inversión de hoteles y restaurantes pequeños, pero se trata de pequeñas inversiones”, recalca. Niels Ketelhöhn, decano de INCAE en Managua, comenta que el “esfuerzo” de Carlos Pellas es patriótico y no duda que hará lo suyo para dinamizar la inversión. El catedrático explica en ese contexto que, aparte del turismo, sectores como el de agricultura, call center y manufactura ligera también tienen potencial. “En Nicaragua hay suficiente tierra, agua, gente familiarizada con el inglés, se puede crecer”, argumenta. Aunque aclara que para eso hará falta “mejorar la tramitología y en esencia el clima de negocios”. “Tengo que advertir que se han hecho muchos esfuerzos liderados por ProNicaragua para mejorar el ambiente: agilizando las aduanas, etc., pero todavía hay debilidades en cómo abrir un negocio en el país, por ejemplo”, apunta. Burocracia El analista señala que Nicaragua “es el único país en Centroamérica donde hay que llenar tres formularios para entrar al aeropuerto: uno en migración, otro en aduanas y otro de salud. Son detalles, pero en general todavía hay mucha burocracia, podemos agilizar aduanas y tasas de impuestos que son enredadas a veces; en competitividad hay que mejorar”, enfatiza. En el Informe Global de Competitividad 2012-2013, del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), se detalla que Nicaragua subió siete puntos al pasar del puesto 115 al 108 en su ranking anual. El informe destaca como ventajas competitivas para Nicaragua un superávit fiscal, mejoras en el sector laboral como las prácticas de contratación y despido, la apertura comercial y avances positivos en los procedimientos para iniciar un negocio. El país, de acuerdo con el WEF, continúa presentando, sin embargo, poca transparencia en sus instituciones, caracterizada por la escasa independencia del poder judicial y deficiencias en el sistema legal. En infraestructura, el principal freno se encuentra en la calidad de los puertos. Mientras en educación hay carencias en la calidad de la enseñanza en las escuelas primarias y en la educación de la ciencia y la matemática. Por otra parte, existe limitado acceso a internet en las escuelas. Además, poca capacidad de absorber la tecnología. Al respecto menciona que hace falta mejorar la calidad de las instituciones de investigación científica y hay poca disponibilidad de ingenieros y científicos. Los factores más problemáticos para hacer negocios en el país son, en resumen: la burocracia, los problemas de infraestructura y la falta de una fuerza de trabajo educada adecuadamente. La otra cara Un reciente estudia de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), que evaluó las inversiones locales de 2006 a 2011, dan cuenta que la inversión privada nacional creció a un ritmo de un 1%. No hay cifras oficiales; sin embargo, los expertos coinciden en que hay mucho por hacer para cambiar el indicador. ProNicaragua, por su parte, indica que no tiene datos del tema. Para Funides, la inversión nacional es casi inexistente, y eso es preocupante. “En términos de inversión por habitante... los resultados son pobres, la inversión total se estancó y la inversión privada bajó 0.3%”, destaca Luis Alaniz, analista de la fundación. Funides expone que por lo general los inversionistas extranjeros tienen mejor acceso que los nacionales a créditos más baratos y de mayor plazo, a varios tipos de seguros que reducen sus riesgos, y, por su tamaño, tienen menores costos de hacer negocios en términos relativos. Por lo tanto, “para que los inversionistas nicaragüenses puedan aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece el país, necesitamos fortalecer nuestra institucionalidad y el Estado de Derecho para darle mayor seguridad a la inversión”, subraya Carlos Muñiz, director ejecutivo de la fundación. Además, se requiere “aumentar el acceso al crédito de mediano y largo plazo, reducir los costos de producir y comercializar con mejor infraestructura; energía más barata, tasas impositivas más bajas y menos trabas burocráticas. También se necesita capacitar más a nuestra fuerza laboral y mejorar la calidad de la educación básica”, explica.
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