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Alexandra Araujo: Para la mujer "el ambiente empresarial es más excluyente que el político"

La empresaria y fundadora de Voces Vitales promueve la implementación de cuotas políticas al inicio para abrir espacios a las mujeres, y señala que la desigualdad sigue existiendo en todos los ámbitos.

Alexandra Araujo, empresaria y fundadora de Voces Vitales | Foto: cortesía

Revista El Economista llevará a cabo mañana jueves 25 de marzo, el evento virtual Women un Power XP, edición 2021.

El encuentro reunirá a mujeres líderes de Centroamérica para compartir experiencias y facilitar el empoderamiento femenino. Es un panel multidisciplinario de mujeres de amplia trayectoria y comprometidas para ayudar que otras crezcan, una de ellas es Alexandra Araujo.

Empresaria, directiva bancaria, cofundadora de Voces Vitales El Salvador, también es fundadora de " Somos un Puente", una iniciativa enfocada en promover la inclusión de género en Juntas Directivas y mesas de toma de decisión, es presidenta del Comité Nacional de Incae en El Salvador

 Conozca un adelanto de su ponencia y su experiencia en esta entrevista.

¿Cómo considera que ha cambiado el papel de la mujer salvadoreña en el ámbito público en la última década?

No hay duda que hemos mejorado, pero aún queda mucho por hacer. Recordemos que la participación de la mujer en la política es bastante reciente; el derecho al voto igualitario no lo obtuvimos hasta 1950. Incluso, por los primeros 16 años solo podíamos votar a favor de hombres, por que fue hasta 1956 que tuvimos las primeras 4 diputadas electas. Es más, desde 1956 a 2012, la participación de mujeres en la Asamblea Legislativa fue tímida, nunca superando el 18%.

No fue hasta que se aprobó el Artículo 38 de la Ley de Partidos Políticos obligando a los partidos políticos a llevar al menos el 30% de participación de mujeres en las planillas electorales que se provocó una participación mayor, aunque siempre muy por debajo de la paridad porcentual que refleja nuestra sociedad. Por esto es que yo favorezco la implementación de cuotas (por lo menos al inicio), ya que éstas obligan hacer un mayor esfuerzo de inclusión y impulsan un proceso de cambio, que sin incentivos se vuelve más lento y doloroso para las instituciones. 

Al final, con cuota o no, siempre terminamos exigiéndole más merito, más trabajo y más preparación a la mujer. Regresemos al ejemplo del derecho al sufragio - los hombres bastaba con que pudieran leer y escribir, pero las mujeres teníamos que tener educación primaria completada, cumplir los 30 años o estar casada para votar.  Lo mismo sigue sucediendo hoy en puestos políticos o empresariales, nos exigen  más años de experiencia laboral, que tengamos logros comprobados y  niveles superiores de educación.

¿Que barreras  hace falta botar para alcanzar la equidad en el estado? Es igualmente en el ambiente empresarial?

Las barreras  más grandes son culturales, legales y financieras; y sin cambiar nuestra forma de pensar y hacer las cosas no podemos avanzar en el tema legal o financiero. Nuestra cultura sigue promoviendo que la obligación del hombre es proveer y proteger y que las prioridades de la mujer son el cuido del hogar y los niños; el desarrollo económico queda como segunda prioridad. Es importante reconocer que nuestra sociedad no esta promoviendo la corresponsabilidad en el cuido de la familia o la educación de los hijos; seguimos sobrecargando a la mujer de trabajo no remunerado y por ende limitando su crecimiento económico. Una mujer económicamente independiente tiene más control sobre su vida y su destino,  y esto está comprobado que  favorece a sus hijos y la sociedad.

Los temas legales y financieros no se podrán corregir sino invitamos o cedemos puestos para que mujeres puedan sentarse y participar en la mesa de toma de decisiones. Tener la opinión y entender las necesidades de más del 54% de la población no se logra sin la participación de la mujer en todos los pilares de una sociedad.

Y uno pensara que en el ambiente empresarial sería más fácil, pero la realidad es que es más excluyente que el político. En una encuesta llevada acabo el año pasado, se demostró que la participación de la mujeres en Juntas Directivas Empresariales en El Salvador es de alrededor de un 20%- y más limitada en empresas familiares. Tenemos mucho trabajo todavía por delante y el cambio comienza en casa- delegando y compartiendo las responsabilidades del hogar.

¿Cuáles considera que serían las claves para fomentar el liderazgo femenino?

Yo creo que tenemos que preguntarnos: "¿Qué podemos hacer para involucrar a hombres en la discusiones y las soluciones de inclusión para que ellos se convierten en promotores agresivos del cambio?"

 En mi experiencia hay muy pocos presentes en la discusión de equidad de género, pero esto no significa que la gran mayoría de hombres considera el tema importante.

El Economista invita al evento Women in Power XP

Un estudio de Mckinsey comprueba que 77% de lideres piensa que la diversidad y inclusión es importante y están dispuestos a ser mentores, promover, y aplaudir al sexo femenino; el problema esta en que lo ven como un tema que mujeres tienen que liderar.

Y la evidencia esta en que los programas de capacitación e inclusión no generan los cambios necesarios rápidamente; las estadísticas demuestran que solo resultan en un 10% de mejora. El cambio se genera reconociendo que es un problema sistemático- aquí esta enmarañada la desigualdad. Es muy difícil promover inclusión dentro de un marco legal y económico que promueve lo contario.

Imagínense, que en el siglo XXI, la mujer solo goza del ¾ de los derechos que el hombre en el mundo. La ley todavía discrimina a la mujer en muchos aspectos, desde su remuneración, movilidad, salud y  su retiro.  Se necesitan hombres comprometidos al cambio que nos acompañen. ¿Voluntarios? 

Women in Power XP se llevará a cabo mañana  y las conferencistas invitadas serán: Alexandra Araujo, Nadina Rivas, María Elena Padilla de Tona, Ana Cristina López, María Eugenia Brizuela, Lilian Guardado Orellana, Lula Mena, Agueda Salguero y también panelistas internacionales como Karla Cofiño de Guatemala y Dorita de Bolaños de Panamá.

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