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Centroamérica es el noveno exportador de frutas del mundo

La producción de frutas y verduras en la región ha venido creciendo, pero necesita afrontar diversos retos para contribuir a la seguridad alimentaria.

Centroamérica es el noveno exportador de frutas del mundo

Centroamérica es el noveno exportador de frutas del mundo

La producción de frutas y verduras en Centroamérica ha venido en constante crecimiento. Raixa Llauger, Oficial de Agricultura de frutas tropicales para la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para Mesoamérica, comparte que Centroamérica ha logrado ubicarse como el noveno exportador de frutas y verduras en el mundo. Además es el 17° mercado de exportaciones e importación de frutas de mayor tamaño, según los resultados del Análisis de la competitividad regional del mercado de frutas, elaborado por la Dirección de Inteligencia Económica de la Secretaria de Integración Centroamérica (SIECA).

Los datos señalan que al cierre de 2019, las exportaciones superaban los $4,725 millones. El mayor exportador es Guatemala, seguido de Nicaragua. Igualmente estos eran los países, hasta 2019 que más peso tenía el empleo agrícolas en el empleo total del país, aunque la tendencia en general y en ese punto, ha sido a la baja en los últimos 10 años.

"La producción de frutas y hortalizas requiere de mucha mano de obra, no sólo durante la producción sino también para la agregación de valor después de la cosecha. En ese sentido, es importante mencionar que las frutas y las hortalizas generan empleo e ingreso para agricultores y trabajadores sin tierra, especialmente para mujeres para el manejo post cosecha y la agroindustria", explica Llauger.

Impacto

Los análisis de entidades como la CEPAL estiman que en materia de empleo las más afectadas por la pandemia han sido las mujeres. Asimismo, ha incrementado la pobreza y eso ha incido en el aumento de los costos para la alimentación.

"Ha habido una reducción del empleo. Y por supuesto, cuando hay una reducción de los empleos, pues se caen los ingresos en los hogares y se suma también el alza de los precios de los de los alimentos. Alimentarse durante la pandemia, ha costado más", dice Llauger.

La experta comparte datos de la CEPAL que detallan que el índice de precios al consumidor (IPC) regional de alimentos ha aumentado en un 5.6 % en el año (1.8 puntos más que el IPC general), "lo que incide directamente en la accesibilidad y calidad de alimentos en los hogares", agrega. Y esa falta de recursos incide directamente con la posibilidad de comprar frutas y verduras.

"Los precios de los productos frescos son comparativamente más altos que los de los alimentos procesados y, por lo general, los entornos alimentarios no son propicios para el consumo de frutas y verduras por parte de los consumidores pobres", dice.

Según las estimaciones de la FAO "las dietas saludables son cinco veces más costosas que las dietas que solo satisfacen las necesidades energéticas mediante alimentos amiláceos.

Las frutas y verduras representan aproximadamente el 30 % del costo total de una dieta saludable, más que los productos de origen animal y las legumbres.

Es por ello que parte de los grandes retos del sector es la transformación de los sistemas alimentarios para poder proporcionar dietas saludables para todos y satisfacer las necesidades alimentarias de una población en aumento y con nuevos hábitos de consumo, explica Llauger.

Más retos

Asimismo en materia de producción, se necesita incrementar la productividad, las pérdidas de alimentos, mejorar la gestión poscosecha y la infraestructura logística y de comercialización.

"Hay que transformar la estructura de la cadena de valor creando nuevas oportunidades comerciales y nuevos vínculos con el mercado. Esto podría aumentar también la productividad, crear empleo y promover la seguridad alimentaria", agrega.

Igualmente, la oficial detalla que se está trabajando en acortar la cadena de suministro desde el productor hasta los consumidores, para mejorar el acceso y a su vez la dieta de los consumidores en términos de calidad y nutrición.

También es necesario, explica la experta, más tierra, agua e insumos de calidad como semillas adaptadas a las exigencias del cambio climático. Eso implica también ofrecer fuentes de financiamiento y apoyo en buenas prácticas agrícolas.

La FAO, por ejemplo, tiene proyectos de apoyo y programas en esta materia como el que realizó para apoyar al rubro bananero con cooperación técnica específica sobre la marchitez por Fusarium, entre otros.

Además, hay que "trabajar la articulación entre las políticas intersectoriales que trabajamos y la colaboración entre los distintos sectores, de modo tal que con esto podamos estar construyendo cadenas de valores más sostenibles y sensibles, no donde finalmente todo esto tributa a una mejor nutrición", finaliza.

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