Loading...
Actualidad

Democracia, vulnerabilidad ambiental y calidad de la inversión pública

 En algunos países centroamericanos, las empresas afiliadas a esas agrupaciones del sector privado organizado son minorías, comparadas con el gran número de contratistas y proveedores del Estado que no las integran, y con ello, operan libres de controles y códigos de ética, pero que logran la adjudicación de la gran mayoría de contratos, y por los montos más abultados.

Foto ilustrativa/ archivo LPG

Una condición importante para reducir la vulnerabilidad a fenómenos climáticos y naturales en Centroamérica, es corregir las deficiencias de la inversión pública en infraestructura.

Las características físicas de la región centroamericana explican una parte de su alta vulnerabilidad ambiental. Pero hay otros países que también están ubicados en regiones azotadas por fenómenos naturales, incluso mucho más que en Centroamérica, que no son tan vulnerables. La diferencia entre éstos y los países centroamericanos es la capacidad de sus Estados para prevenir, prepararse y responder ante el golpe de un fenómeno natural.

En esos países avanzados, pese a sufrir el impacto de terremotos, tormentas, inundaciones y otros golpes de la naturaleza, la pérdida de vidas humanas, el impacto en la infraestructura, en la economía y en sociedad en general, es mucho menor de lo que en Centroamérica nos golpea una lluvia fuerte. Esto es porque en esos países las democracias son funcionales y los niveles de corrupción son relativamente bajos, y, con ello, invierten en infraestructura de alta calidad. Además, son países avanzados en políticas ambientales, protegen y recuperan sus bosques y otros recursos naturales, y las actividades extractivas son altamente reguladas.

En cambio, en la mayoría de los países centroamericanos, especialmente los que figuran en los primeros lugares de las mediciones de vulnerabilidad ambiental y al cambio climático, la diferencia es abismal. Niveles altísimos de corrupción y de evasión de impuestos, inevitablemente se ven reflejados en infraestructura de pésima calidad, la cual claudica ante las fuerzas de la madre naturaleza.

Por estas razones, la experiencia cotidiana de muchos centroamericanos es que las carreteras se deterioran mucho más rápido, ya que las capas de asfalto no son del grosor adecuado, o los taludes laterales se derrumban, porque fueron construidos a ángulos incorrectos con el propósito de reducir costos, pero todo se paga como si se hiciera de la mejor calidad y correctamente. Pese a que en los presupuestos públicos están asignados y se pagan cuantiosos recursos para el mantenimiento y la supervisión de la infraestructura, frecuentemente colectores de agua pluvial, drenajes y puentes colapsan por falta de mantenimiento. Año con año se presupuesta y se ejecutan fondos públicos para el dragado de ríos, pero todos los años éstos se salen de sus cauces, precisamente porque no fueron dragados. La lista continúa, vergonzosamente larga y diversa.

El problema es muy complejo, y en algunos países, de escala y magnitud estructural. Y como tal, requiere soluciones también estructurales. Sin embargo, en buena medida no se trata de falta de capacidad, ya que todos los países de la región cuentan con profesionales altamente calificados, capaces de asegurar que la infraestructura sea de buena calidad. En la mayoría de los casos la corrupción es el principal factor que explica la pésima calidad de la infraestructura. Contrario a los postulados que estuvieron en boga en la década de 1990, no es una cuestión de ineficiencias e ineficacias del sector público, versus lo contrario en el sector privado, y con ello las tristemente célebres olas de privatizaciones, particularmente agresivas en Centroamérica. 

Hoy, queda más que claro que aquellas visiones de que la privatización de la inversión en infraestructura sería como una suerte de panacea de la eficiencia y la probidad, no eran más que ingenuos cantos de sirena. El escándalo transnacional de corrupción de la constructora Odebrecht quizá es el más conocido y emblemático, pero ciertamente no es el único.  En demasiados casos, al mejor estilo de Odebrecht, se ha demostrado que tan corrupto puede ser un funcionario de un ministerio de obras públicas, como un empresario privado contratista o proveedor del Estado.

Además, en los países que más avanzaron en privatizar su inversión en infraestructura, hoy las cámaras y las asociaciones de empresarios contratistas de la construcción luchan por imponer y lograr que se cumplan códigos de ética. En algunos países centroamericanos, las empresas afiliadas a esas agrupaciones del sector privado organizado son minorías, comparadas con el gran número de contratistas y proveedores del Estado que no las integran, y con ello, operan libres de controles y códigos de ética, pero que logran la adjudicación de la gran mayoría de contratos, y por los montos más abultados.

Las deficiencias en la calidad de la infraestructura están íntimamente vinculadas con las de los sistemas electorales y de partidos políticos. Esto porque en Centroamérica se han formado y consolidado complejos círculos viciosos en los que las empresas contratistas de la construcción financian partidos políticos y campañas electorales, con el propósito de recuperar estas «inversiones» cuando los candidatos que apoyan, una vez en el poder, sesgan a su favor la adjudicación de contratos, los cuales además se licitan sobrevaluados y amañados. Una vez «pagado» el financiamiento electoral con este tipo de ganancias ilícitas, el proceso se repite en las elecciones siguientes en otra vuelta del círculo vicioso, pero cada vez con más dinero ilícito. Es decir, que la magnitud del desafío de corregir la mala calidad de la inversión pública en infraestructura, muchas veces incluye corregir las falencias y las disfuncionalidades de las democracias centroamericanas.

Así es que no se debe tomar a la ligera el desafío de corregir la inversión pública en infraestructura. Pero tampoco es imposible. Décadas atrás, otros países con problemas igualmente graves de corrupción, lograron superarlos, y hoy, además de encabezar los índices de transparencia y confianza ciudadana, son sociedades avanzadas con infraestructura de alta calidad, reduciendo su vulnerabilidad ambiental, aún cuando su ubicación geográfica los exponga a fenómenos climáticos con potencial destructivo. Posiblemente se debió a que una generación, en algunos casos la posterior a la Segunda Guerra Mundial, decidió que querían vivir bien, y para ello alcanzaron consensos colectivos para hacer las reformas que los tienen ahora donde están.

El colectivo de las y los centroamericanos deben convencerse que es posible corregir la situación, avanzando a sistemas políticos que constituyan democracias más funcionales y legítimas, y con ello, gobiernos que inviertan honesta, eficiente y efectivamente en infraestructura. Y con ello, que una lluvia fuerte no se traduzca en estadísticas trágicas con pérdida de vidas.
 

Lee también

Comentarios

X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines