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Don Teófilo Simán deja un amplio legado social

Don Teófilo Simán fue un hombre reconocido en El Salvador tanto por su trayectoria empresarial como por su enorme obra social. Falleció este 14 de enero de 2021.

Carisma. Don Teófilo es un hombre que dejaba huella entre las personas con las se relacionaba y entre quienes trabajaron con él.

Don Teófilo Simán, "Don Filo", para quienes lograron conocerlo más de cerca, renombrado empresario, y padre de Javier Simán, presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), falleció este 14 de enero de 2021. Se le recuerda tanto por su trayectoria empresarial como por su obra social.

Don Filo nació un 18 de diciembre de 1925, en San Salvador. Hizo sus estudios de primaria en Liceo Salvadoreño, de la capital, y luego viajó a Nueva York, en los Estados Unidos, para realizar sus estudios de secundaria en la St Ann’s Academy. Casado con Doña María Elena Dada de Simán, tuvo seis hijos, que a su vez le dieron 15 nietos.

Doctor en Filantropía. Por su amplia trayectoria, la Universidad Alberto Masferrer lo tituló Doctor Honoris Causa en Filantropía.

Desde joven, se interesó en la labor social. En 1968 se integró como miembro del comité nacional de la Cruz Roja Salvadoreña. Casi dos décadas después, en 1984, asume el cargo de presidente de la misma, hasta 2007, cuando lo nombran Presidente Honorario.

Su familia lo describe como una persona abnegada y con una gran capacidad de entrega, sobre todo a los más necesitados. Fue esta vocación de ayudar lo que lo acercó a la Cruz Roja, donde fue primero miembro del comité, luego vicepresidente, para finalmente ocupar por varios años la presidencia y, más recientemente, ser presidente honorario, recuerdan.

Familia. Casado con doña María Elena Dada de Simán, tuvo seis hijos y 15 nietos. Su amor y entrega hacia los demás iniciaba en casa.

"Es el mejor vigía de la Cruz Roja. No se le escapa detalle, a pesar de sus ocupaciones en el gran almacén familiar. No tiene horario fijo y sorprende a sus hombres cuando hace comentarios de una conversación que escuchó de la Cruz Roja por la radio de cómo fueron a atender un accidente. Eso significa que en su oficina siempre lo tiene encendido... Reclamó que no le avisaran de inmediato del accidente aéreo en el volcán Chinchontepec", reportaba la prensa de ese tiempo, según un pasaje recopilado en el libro "Una mujer llamada Natalia", escrito por Margoth Simán Jacir.

"Era ya muy noche", le dijeron, según relata el libro. "Vos sabés que para eso no importa la hora", contestó don Teófilo. "Increíblemente puntual a sus citas y accesible si le necesitan", lo describe Margoth Simán.

Entre los reconocimientos recibidos a lo largo de su vida, están la Palma de Oro, que le entregó la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, en 1984.

En 1988, la Escuela Católica Santa Catalina le entregó una placa en agradecimiento por su solidaridad y apoyo en la reconstrucción de la escuela después del terremoto de 1986. Este centro escolar es uno de los lugares emblemáticos de la tragedia que supuso el terremoto, pues allí fallecieron 42 niños y la infraestructura sufrió daños importantes.

Agradecimientos similares le dieron en el Centro Escolar Católico Hogar del Niño, por hacer posible la reconstrucción de este, después de los terremotos de 1986 y de 2001. De la misma forma, apoyó la construcción y remodelación del Colegio Marie Paul. Las autoridades del colegio organizaron un acto para agradecerle, en abril de 2017.

La comunidad educativa de la Escuela Parroquial Unificada de Ciudad Delgado también le entregó un reconocimiento por su generosidad con la institución y su apoyo a la educación en general, durante un acto que se realizó el 4 de abril de 1997.

La Cruz Roja, a la que dedicó gran parte de su vida, le dio un reconocimiento como Presidente Honorario y Consejero, en marzo de 2008, y otro, por su espíritu humanitario, cuando cumplió 50 años de servicio a la institución, en mayo de 2018.

Una de las mayores muestras de que su aporte a las buenas causas fue ampliamente conocido en el país, es que la Universidad Salvadoreña Alberto Masferrer le entregó un Doctorado Honoris Causa en Filantropía, en marzo de 2011.

Otras instituciones con las que colaboró incluyen al Club Rotario San Salvador – Cuscatlán, que en octubre de 1996 lo homenajeó por su "incondicional aporte a nuestra comunidad y por su inigualable servicio a través de la ocupación", según se lee en la placa.

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