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EUA debe evitar una nueva guerra fría con China

EUA debe evitar una nueva guerra fría con China

EUA debe evitar una nueva guerra fría con China

La rivalidad debe manejarse con sensatez para proteger el futuro del mundo

¿Cuál ha sido el evento más importante de 2018 hasta el momento? Pudiera decirse que fue el discurso sobre las relaciones entre EUA y China de Mike Pence, el vicepresidente estadounidense, del 4 de octubre. Él declaró la intención de EUA de enfrentar a una China en ascenso en todos los aspectos: en relación con su "interferencia en la política estadounidense"; en relación con sus políticas comerciales y de inversión, con el presunto robo de propiedad intelectual, y con los planes de desarrollo industrial; en relación con sus ataques cibernéticos; en relación con asuntos de seguridad; en relación con su "diplomacia de la deuda"; y en relación con la "cultura de censura". El objetivo sería "restablecer la relación económica y estratégica de EUA con China", él comentó, "para finalmente colocar a EUA en primer lugar".

El ex primer ministro australiano Kevin Rudd, un experto en China, ha negado que estemos al inicio de una "nueva guerra fría". Él tiene razón si nos estamos refiriendo a un conflicto idéntico al de EUA con la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial. Pero estas diferencias, aunque reales, no son tan alentadoras. La fricción entre EUA y China pudiera ser incluso más perjudicial que la Guerra Fría.

Esta última, al menos, se mantuvo relativamente "fría", a diferencia de las dos guerras mundiales que la precedieron. También se limitó, en gran medida, a asuntos de ideología y de seguridad. El daño que un conflicto entre EUA y China pudiera hacerle a la gestión de los bienes comunes globales y a la prosperidad mundial pudiera ser enorme, en parte porque los dos países están tan interrelacionados. Una nueva rivalidad estratégica también podría volverse "caliente" en relación con Corea del Norte, Taiwán o el mar de China Meridional, por ejemplo. Sólo hay que recordar que la Guerra Fría estuvo a punto de ‘calentarse’ por el incidente con Cuba en 1962.

Guerra fría o no, este conflicto estratégico parece ser profundo y duradero. "No nos rendiremos hasta que nuestra relación con China esté basada en la justicia, la reciprocidad y el respeto por la soberanía", dijo el Sr. Pence.

¿Quién va a juzgar cuándo se logrará este nirvana? La respuesta es, por supuesto, EUA. ¿Bajo qué circunstancias pudiera llegar a la conclusión de haber alcanzado su objetivo? Dado el maniqueísmo de gran parte de la ideología estadounidense, una respuesta posible es: no antes de que China se derrumbe. También hay que tener en cuenta que la decepción con la trayectoria de China no se limita a la derecha. De manera significativa, Kurt Campbell y Ely Ratner, dos funcionarios de la administración de Barack Obama, han argumentado en la revista "Foreign Affairs" que el "compromiso" con China no ha logrado convertirlo en el país abierto política y económicamente que EUA había esperado.

En resumen, parece que estamos al comienzo de un conflicto duradero entre EUA y China. EUA ha declarado que desea transformar a China. China teme, con cierta razón, que EUA quiera detener su ascenso. Los pensadores "realistas" en materia de asuntos extranjeros argumentarán que el conflicto no es una sorpresa: en el mundo anárquico de las políticas de los grandes poderes, tal lucha por la primacía es inevitable, argumenta John Mearsheimer de la Universidad de Chicago. Y a menudo sobreviene la guerra, ha apuntado Graham Allison de la Universidad de Harvard.

Es probable que estas profecías sean "realistas". Pero el comportamiento también pudiera ser una locura. Tal vez la Primera Guerra Mundial fue inevitable, pero ¿quién cree que fue una buena idea?

EUA tiene buenas razones para evitar el conflicto indefinido que ha declarado el Sr. Pence. Una razón es que, a diferencia de la Unión Soviética, China no es en verdad un rival ideológico, excepto en la medida en que encarna la autocracia que el presidente Donald Trump admira. Otra razón es que es probable que el conflicto sea costoso, incluso si se evita una guerra abierta, como lo ha sostenido el académico chino-estadounidense Minxin Pei.

¿Quién cree actualmente que EUA libraría tal conflicto racionalmente? Las destructivas políticas comerciales del Sr. Trump refuerzan las dudas, al igual que sus ataques a los aliados estadounidenses. EUA también debe reconocer que China tiene enormes recursos: el tamaño de su población, su dinámica economía y su importancia como mercado para numerosos países. Por supuesto, China también tiene un sinnúmero de significativas debilidades. Pero la esperanza de que China simplemente se rinda o de que desaparezca, como lo hizo la Unión Soviética, es absurda.

Entonces ¿cómo pudiera gestionarse la rivalidad? Yo sugeriría seguir cinco principios.

El primero es reconocer que China no es "nuestra" para hacer o rehacer. Les pertenece a los chinos y a nadie más.

El segundo principio es darse cuenta de que es probable que la organización política de China continúe siendo diferente a la del Occidente indefinidamente. Hoy en día, desgraciadamente, incluso parece más probable que nosotros nos volvamos más como China que al contrario.

El tercero es enfocar la atención en comportamientos precisos y medibles que afecten a terceros, y hacerlo de manera consistente y proba. No se debe intentar detener el desarrollo de China. Eso es claramente desatinado.

Si queremos que China obedezca las normas comerciales, ¿qué tal si lo hacemos nosotros mismos? Si queremos que reconozca los derechos de propiedad intelectual, ¿por qué no admitir que éstos pueden ser excesivos y onerosos? Si queremos resaltar la importancia de los derechos humanos, ¿qué tal si reconocemos nuestras propias fallas? Los chinos reconocen la hipocresía cuando la ven.

El cuarto principio es reconocer que China es, de alguna manera, un rival pero también un socio vital y esencial. Mantener la estabilidad de la economía mundial, y lidiar con el cambio climático, será imposible sin la cooperación de China. La relación no se debe concentrar principalmente en la rivalidad estratégica. Hay que equilibrar el poder de China cuando sea necesario, mientras que se coopera con él cuando sea esencial.

El quinto es entender el valor de las alianzas. Esto tiene que ver con la confianza. Si EUA desea alentar a los países a que resistan la invasión de su soberanía por parte de China, debe ser considerado como un confiable aliado. Bajo el Sr. Trump no lo ha sido.

Por último, hay que confiar en nuestros valores de libertad y de democracia. Comprender que dependemos de la creación de nuevas ideas, no de la protección de las antiguas. Eso, a su vez, depende de la libertad de investigación y de la apertura a los mejores talentos del mundo entero. Si los países occidentales pierden éstos, perderán el futuro. Nuestro enemigo no es China. Como declaró el mejor presidente estadounidense del siglo XX: "A lo único que debemos temer es al miedo".

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