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El Desarrollo Humano en Centroamérica: retos que se deben afrontar

Los Gobiernos deben destinar sus esfuerzos y recursos económicos en un gasto público social que atienda los derechos humanos de las poblaciones más vulnerables; que garantice la cobertura oportuna y universal de los bienes y servicios públicos en aquellos territorios donde ha existido la ausencia del Estado.

Foto ilustrativa/ archivo/ EFE

Hace algunos días, en Guatemala y Honduras se publicaron los Informes de Desarrollo Humano por parte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Resulta valioso contar con información actualizada del índice de desarrollo humano (IDH), que se mide a través de los indicadores como la esperanza de vida, el ingreso per cápita y los años de escolaridad, que presenta cada país, lo que se traduce en tres variables que sustentan el desarrollo humano: la salud, la educación y el acceso a los recursos económicos.

En estos informes se agregaron las cifras comparativas de algunos países de la región latinoamericana, incluidos los centroamericanos. De esta cuenta, aprovecho para analizar algunos datos que muestran estos informes, los cuales reflejan que aún se presentan amplios retos para lograr un mejor desarrollo humano.

Este análisis no pasa desapercibido el caso de Guatemala, donde este informe se debió presentar en 2021, pero el presidente Alejandro Giammattei detuvo su publicación, cuyo título era “La celeridad del cambio: hacía una mirada territorial del desarrollo humano”. En este primer documento, los temas abordados y la visión territorial del estudio no fueron del agrado del mandatario por lo que la presentación oficial fue suspendida.

Esta situación es sumamente preocupante, porque refleja la intransigencia del Gobierno ante la publicación de datos sensibles y muestra su injerencia en organizaciones autónomas e independientes al ejecutivo y de cualquier otro sector de gobierno. No obstante, no se puede ignorar y excluir el nuevo informe, puesto que, a pesar de las modificaciones que sufrió, presenta datos importantes del país y de la región.

A pesar de este lamentable suceso, los informes de Guatemala y Honduras muestran indicadores que reflejan un estancamiento en la región centroamericana desde hace algunos años, puesto que ha sido muy poco lo que ha variado el indicador de IDH desde el 2015. También, cabe mencionar que las cifras están actualizadas hasta el 2019 para la mayoría de los países, aunque se presentan estimaciones del 2020 para Guatemala y Honduras, por lo que aún no se logra apreciar una estimación completa y actualizada en la que se contemplen los efectos que están dejando: la pandemia del COVID-19, los desastres naturales de las tormentas tropicales Eta e Iota, entre otros fenómenos recientes que han afectado a la región.

Aún faltaría medir también, los impactos económicos del conflicto entre Rusia y Ucrania –que incluyen efectos inflacionarios graves para las economías–, pero que se reflejarán cuando llegue la medición del 2022. 

Como se observa, el único país de la región que se mantiene en un IDH superior al promedio de América Latina y El Caribe es Costa Rica con un 0.810, alcanzando el puesto 62 en la clasificación mundial y se encuentra dentro del grupo de países con IDH muy alto (1). Esto también se refleja en la mayor cantidad de años de esperanza de vida de la región –con 80.3 años–, mayores años de escolaridad –8.7 años– y mayor ingreso per cápita –US$ 18,486.00 (PPA)–. Por su parte, Honduras presenta el menor IDH en la región, con el 0.634, ubicando al país en el puesto 132 de la clasificación mundial y dentro del grupo de países con IDH medio (3). Comparte con Guatemala el nivel de años de escolaridad más bajo de la región con 6.6 años en ambos casos y está sólo por delante de Nicaragua en cuanto a sus ingresos per cápita US$5,308.00 (PPA).

El Salvador, Guatemala y Nicaragua, muestran un IDH parecido, con 0.673; 0.663 y 0.660 respectivamente, ubicándolos entre los puestos 124 y 128 a nivel mundial y dentro del grupo de países con IDH medio (3). Asimismo, la esperanza de vida en los tres países no supera los 75 años, mientras los años de escolaridad ni siquiera sobrepasan los 7 años. En cuanto a los ingresos per cápita, Guatemala y El Salvador superan los US$ 8,300.00 (PPA), mientras que Nicaragua presenta la cifra más baja con US$ 5,284.00 (PPA). Además, también se debe reflexionar que estas cifras van a sufrir una reducción en los indicadores al 2020 y 2021, especialmente por los efectos de la crisis sanitaria del COVID-19 y otros desastres naturales. La realidad de estos indicadores podría llegar a ser menos alentadora en los períodos más recientes.

Estos datos muestran que la mayoría de los países de Centroamérica, tienen una amplia brecha que cerrar, en cuanto a mejorar las condiciones de vida de su población para alcanzar un mejor IDH que los coloque en el grupo de países con IDH alto o muy alto. Para ello, los Gobiernos deben destinar sus esfuerzos y recursos económicos en un gasto público social que atienda los derechos humanos de las poblaciones más vulnerables; que garantice la cobertura oportuna y universal de los bienes y servicios públicos en aquellos territorios donde ha existido la ausencia del Estado.

Esto también requiere de esfuerzos de parte de las administraciones tributarias, para garantizar el financiamiento necesario para lograr estas mejoras, y también, de una ciudadanía consciente de cumplir con su deber democrático de contribuir con la recaudación de impuestos, lo que incluye tanto a pequeños, medianos y, especialmente, a los grandes contribuyentes. Sólo mediante una eficiente planificación y gestión en la ejecución de los recursos, un enfoque de gasto que garanticé los derechos de la población y con mecanismos de transparencia y rendición de cuentas eficaces, será posible que se logré mejorar el desarrollo humano de nuestra región. 
 

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