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El crecimiento de las ciudades plantea un reto para el sector eléctrico en América Latina

Los países latinoamericanos tienen algunos de los niveles de urbanización más altos en el mundo y enfrentarán varios puntos críticos en los próximos años para lograr la transformación energética.

Los índices de urbanización en algunos países de América Latina son de los más altos en el mundo. El 81 % de la población de la región vive en ciudades y para 2050, se espera que esta cifra llegue al 90 %. Para ese año, el crecimiento de la población y de la economía provocarán que se duplique la demanda energética en la región.

De acuerdo con un estudio de la firma EY, Latinoamérica se enfrenta a tres puntos de inflexión para la transformación eléctrica, el primero es a 2021, "cuando la energía fotovoltaica solar distribuida, con almacenamiento de batería, alcanza la paridad de costos con la electricidad proporcionada por redes".

El segundo es entre 2025 y 2029, "cuando los vehículos eléctricos alcanzan la paridad de costos y desempeño con los vehículos de motores de combustión interna". El tercero es para 2046, "cuando el costo de solamente proporcionar electricidad a través de la red excede el costo de la energía almacenada autogenerada".

El alto uso de la energía hidroelérctrica podría provocar que el primer punto de inflexión llegue más tarde en algunos países de la región, de acuerdo con EY, entre ellos El Salvador. Esto se debe a que este recurso es relativamente de bajo costo.

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas señaló que el sector energético latinoamericano tiene un doble desafío: responder a una demanda creciente, por el crecimiento de las ciudades y por la dinámica económica; pero también por la alta vulnerabilidad al cambio climático de las hidroeléctricas.

La institución sostiene que "el sector energético de América Latina y el Caribe enfrenta un doble desafío; la región debe hacer frente a la alta vulnerabilidad que enfrentan los sistemas de generación eléctrica ante el cambio climático, mientras se mueve hacia un sistema energético eficiente con menor generación de emisiones de CO2".

En El Salvador, por ejemplo, las hidroeléctricas redujeron su aporte tras la sequía que se registró el año pasado entre julio y agosto; aunque posteriormente retomaron la generación. La energía se debe sustituir por otra fuente, que por lo general no es renovable, como las térmicas o la importación.

"Debido a la dificultad de asegurar el suministro hidroeléctrico durante el fenómeno El Niño, varios países de la región han tomado la decisión de diversificar su generación hacia otras fuentes energéticas. Construir plantas hidroeléctricas más grandes para contrarrestar la sequía que trae El Niño resulta costoso e insostenible para el medio ambiente", señala el estudio publicado por EY.

Actualmente el país tiene varios proyectos pendientes, un parque solar que será uno de los más grandes de la región, que estará en Ozatlán y que está casi terminado, así como una planta de gas natural, un recurso que, aunque no es renovable, es generalmente más estable que el búnker.

EY menciona que varios países de Latinoamérica están acudiendo al gas natural "como un combustible de transición que ofrece electricidad con un menor índice de emisiones de carbono mientras construyen instalaciones para la generación de energías renovables, especialmente eólicas y solares".

En El Salvador además se han lanzado otras inciativas, como una licitación para generadores de biogás y hay proyectos que no han terminado de concretarse por diversas razones, pero que serían de alto impacto para la matriz, como la expansión de LaGeo con nuevos pozos en San Vicente y Chinameca o la presa hidroléctrica de El Chaparral.

Tecnología y políticas públicas

En el caso de la electromovilidad, EY señala que el avance es lento para lograr la paridad de precio y desempeño de los carros eléctricos con respecto a los vehículos tradicionales. A diferencia de otras partes del mundo, la región todavía enfrenta desafíos en cuanto a la infraestructura requerida.

Sin embargo, varios gobiernos han optado por establecer políticas de apoyo a la implementación de esta tecnología, sobre todo por los crecientes niveles de contaminación en las ciudades.

Argentina redujo sus impuestos a la importación de los carros eléctricos de 35 % a 2 %, mientras que Uruguay, Ecuador y Colombia los eliminaron por completo. Colombia implementará 1,500 taxis eléctricos en Medellín y casi 600 buses eléctricos en Bogotá, mientras que Chile pretende introducir fletes de camiones eléctricos y aumentar diez veces la cantidad total de vehículos eléctricos antes de 2022.

En El Salvador, a partir de este año, no se pagará ningún arancel por importar vehículos eléctricos. La medida fue aprobada a inicios de diciembre por el Consejo de Ministros de la Integración Económica (COMIECO) de Centroamérica.

El arancel para el ingreso de este tipo de vehículos estaba fijado en 30 %. Desde enero 2020, será de 0 %. Honduras también aplicará la medida.

"Un transporte más limpio es un buen indicio para la calidad de vida en algunas ciudades de América Latina, pero presentará una serie de desafíos para la red y la infraestructura de electricidad de la región", de acuerdo con EY.

Para 2050, se espera que los vehículos eléctricos agreguen 71 terrabatios hora (TWh) de demanda de electricidad nueva, es decir aproximadamente el 2.5 % de la demanda total, para lo cual se requerirá una nueva capacidad de red para enfrentar las fluctuaciones en la carga.

Aparte de la infraestructura, la región aún tiene retos regulatorios, como implementar estrategias para alcanzar tanto objetivos de descarbonización, como de crecimiento económico.

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