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Endurecen filtros para los inmigrantes en EUA

Más que el muro, la tecnología (ayuda de México), decisiones rápidas de la BP y los acuerdos de asilo con El Salvador, Honduras y Guatemala han hecho que el paso irregular de inmigrantes se reduzca en pocos meses.

Después de 22 días de travesía para alcanzar Estados Unidos de forma irregular, María Elena Cáceres y su compañera de viaje intentan explicar que en Honduras la vida no es fácil y que las extorsionaban. Traen pruebas para presentar a los oficiales fronterizos. Hablan, cubren sus rostros con desconsuelo y lloran. Se abrazan. Intentaron ingresar sin documentos.

Los agentes fronterizos de Estados Unidos ya las tenían en la mira mucho antes de que se cruzaran el río Bravo, que les dejó sus sudaderas, cuello y cabello llenos de hierba. Las autoridades sabían en las condiciones en las que viajaban porque, de acuerdo a la Patrulla Fronteriza, desde hace años se dispone de alta tecnología para detectar cualquier movimiento cerca de la franja fronteriza.

Añadido a esto, México se encarga de contener a los centroamericanos con el programa "Permanece en México" (MPP, en inglés), por el que los extranjeros son enviados a carpas en Matamoros.

Hoy los oficiales en la frontera coinciden, cada vez que tienen oportunidad, en agradecer a México una caída de hasta el 20 % en migración irregular. Y sino, los indocumentados de Centroamérica son enviados para Guatemala u Honduras, a esperar sus procesos de asilo, si es que no son deportados de regreso a su nación de origen, de  acuerdo a los Acuerdos de Cooperación de Asilo (ACA, en inglés).

Quienes logran "pasar" en esta zona del Valle del Río Grande tienen que sortear todavía garitas de control en la carretera, donde los traficantes de personas los pasan ocultos.

Los que son detectados, son enviados a revisiones rápidas en campamentos construidos hace alrededor de un año en Donna, Texas. Los kilómetros de muro fronterizo son reforzados con cámaras, sensores, globos aerostáticos con cámaras de 360 grados -de los que hay cuatro en el Valle-, patrullajes en aire y tierra, drones y un robusto presupuesto para más tecnología y agentes. "Hasta ahora tenemos 207 kilómetros de muro y para principios del otro año tendremos 804 kilómetros completados", dijo recientemente el presidente Trump.

-Tanto sacrificio, y llegaron hasta aquí nomás -dijo Cristian Álvarez, vocero de la Patrulla a las hondureñas.

Cuando María Elena se aventuró, cincuenta inmigrantes más fueron detenidos en la frontera, dijo Rod Kise, de la Oficina de Asuntos Públicos de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés). Sin embargo, una persona logró escapar ese día, cerca de Peñitas. Los oficiales aseguraron que lo estaban buscando.

Algunos de los migrantes no quieren hablar con nadie cuando son aprehendidos. Pero María Elena y su compañera sí quieren hablarle a los periodistas de El Salvador, Honduras y Guatemala. Son de El Paraíso, departamento hondureño que colinda con Nicaragua. El agente de la Patrulla trata de seguir preguntando. Pero una de ellas se decide a explicarse con la voz entrecortada: "Si uno emigra es porque la situación no es tan fácil, no crea, allá manda la extorsión".

"Aquí está, yo tengo mis comprobantes, tengo el sello", dice con más fuerza la otra mujer. "La última vez me amenazaron".

Han sufrido en el camino y también quieren que todos vean que llevan consigo una denuncia firmada por la Secretaría de Seguridad de la República de Honduras.

Ya no llevan nada más en sus bolsillos, ya entregaron su teléfono celular y ahora tienen que arrancar las cintas de sus zapatos porque donde van, a Úrsula, los cordones no se permiten.

Úrsula enfrentó el año pasado reclamos por hacinamiento y graves condiciones de higiene, pero el oficial Óscar Escamilla, agente encargado, afirma que el lugar es seguro.

Una visita al CPC que se tenía en la agenda de la gira de prensa a Texas fue cancelada de último momento sin que se diera espacio para más explicaciones de que se debió a la seguridad de los menores de edad que están detenidos ahí.

Escamilla explicó que, en la anterior crisis, se daban más de 1,500 detenciones diarias en la zona del Río Grande. Todas iban a Úrsula. Hoy se hacen unas 400.

A pesar de todo, obligadas a la mitad de un abrazo por las esposas que las unen de sus muñecas izquierdas, las primas hondureñas le agradecen a Dios haber llegado a la frontera con vida.

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