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Es más caro comer en El Salvador que en el resto de Centroamérica

Estudio que presenta hoy la FAO dice que en el país tiene uno los costos más altos del mundo para alimentarse. El hambre afectó 16 millones de personas en el istmo.

Poder alimentarse, cubriendo las necesidades energéticas mínimas es más costoso es América Latina que en el resto del mundo, según revela el informe presentado hoy, sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020 (SOFI, por su sigla en inglés) elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otras agencias del sistema de Naciones, como el FIDA, el PMA y UNICEF.

La FAO señala que América Latina y el Caribe se necesita por lo menos $1.06 diarios por persona para comprar una dieta mínima, un 34 % más caro que el promedio global.

Lo que es más grave es la situación de El Salvador, que tiene uno de los costos más altos en el mundo.

Un salvadoreño necesita para comer por lo menos $1.46 diarios, solo superado en la región por las Islas Vírgenes Británicas. Para poner en perspectiva, en Costa Rica el costo es de $0.94, en Honduras es $1.15 y en México, $0.66.

Para tener lo mínimo, considerando necesidades energéticas, o sea calóricas, un salvadoreño necesita lo mismo que un taiwanés. En todo el mundo solo hay tres países con costos más altos: Japón, Togo y Sint Marteen, un pequeño país en el caribe que forma parte del reinado de los Países Bajos.

El informe también contiene lo que se requiere para costear una dieta que cubra las necesidades nutricionales mínimas, es decir no solo con un criterio de calorías, sino de nutrientes necesarios. Ahí es donde en El Salvador la cifra se eleva a $5.09 diarios por persona, en comparación, esta cifra es de $2.55 en México, $2.75 en las Islas Vírgenes Británicas, $3.32 en Honduras y $2.74 en Costa Rica.

Impacto: el hambre afecta al 7.4 % de la población latinoamericana y se espera que aumente.

El hambre aumenta

El informe también detalla que el hambre aumentó en 2019 por quinto año consecutivo y afectó a 47.7 millones de personas en América Latina y el Caribe; para 2030 se prevé que la cifra aumente a 66.9 millones.

En el caso de Centroamérica fueron 16.6 millones los afectados el año pasado, número que se dispararía a 24.5 millones en la próxima década.

El hambre, o subalimentación, se refiere a la estimación del número de personas que no consumen las calorías suficientes para llevar una vida activa y saludable.

El estudio advierte que la región no logrará alcanzar el objetivo de hambre cero planteando en la agenda 2030. Además, la situación podría ser más grave puesto que las proyecciones no contemplan los efectos del covid-19.

"Estamos peor ahora que cuando la región se comprometió con los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015. Desde entonces, 9 millones de personas más viven con hambre", dijo el representante regional de FAO, Julio Berdegué.

n términos porcentuales, el hambre afecta al 7.4 % de la población, y se espera que aumente al 9.5 % al 2030.

Por subregiones, es el Caribe el más golpeado, seguido de Centroamérica y, por último los países del sur del continente. No obstante, esto podría cambiar ya que en el Caribe el hambre se está reduciendo, mientras que en Centroamérica aumenta (ver gráfico).

"Las cifras de hambre en el año 2019 son escalofriantes, como también lo es el pronóstico para el año 2030. Con el impacto de la pandemia del covid-19 la realidad será peor que la que proyectamos en este estudio. Necesitamos una respuesta extraordinaria de los gobiernos, del sector privado, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales", agregó Berdegué.

El covid-19, aunque es al origen una crisis sanitaria, podría llevar al cierre a unas 2.7 millones de empresas y provocaría la pérdida de 8.5 millones de empleos en América Latina, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Esto llevaría a 83.4 millones de personas en la extrema pobreza, 16 millones más que en 2019.

En El Salvador, la pobreza podría haber subido al 51.4 % de los hogares, lo que implica de 1.3 a 1.6 millones de nuevos pobres, por el aumento del desempleo y la caída de las remesas, de acuerdo a estimaciones de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES).

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