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Italia ilustra el camino hacia la desaparición de la democracia liberal

Italia ilustra el camino hacia la desaparición de la democracia liberal

Italia ilustra el camino hacia la desaparición de la democracia liberal

Complacencia con respecto al ascenso del populismo es una característica de los sistemas políticos fallidos.

Comparar a los populistas y a los nacionalistas de hoy con los nazis y los fascistas de hace 80 ó 90 años no tiene sentido. Pero veo claros paralelismos entre la caída de la República de Weimar en Alemania y la vulnerabilidad de las elites liberales de Europa. Algunos de los defensores actuales del orden liberal están cometiendo el mismo error que cometió el Partido del Centro Alemán de principios de la década de 1930, al subestimar la magnitud de la amenaza que están enfrentando.

Harold James, profesor de historia en la Universidad de Princeton, nos ha dado recientemente 10 razones por las cuales nuestros sistemas políticos comparten algunas de las características autodestructivas de la República de Weimar. Una es la fuerza del shock económico. Otra es un excesivo optimismo sobre el poder de las constituciones para proteger el sistema.

Me gustaría ofrecer algunas reflexiones adicionales sobre el papel de las narrativas complacientes, es decir, las historias que nos contamos para sentirnos mejor. Sigo escuchando que la retirada del euro por parte de Italia no puede suceder porque no está permitida y que la constitución de Italia hace imposible que un gobierno rescinda los tratados internacionales por referéndum.

Este argumento sobreestima el poder de la ley constitucional para protegernos de los actos ilegales de los gobiernos, como señaló el Profesor James. También ignora las circunstancias bajo las cuales un país dejaría la eurozona. Todo lo que un gobierno tendría que hacer es crear una crisis financiera, declarar ‘fuerza mayor’ e introducir una moneda paralela durante un largo fin de semana festivo. No hay nada en la constitución italiana para prevenir una crisis financiera o evitar que un gobierno le dé a la gente los medios para comprar alimentos.

Ésta es también la razón por la que no importa que el acuerdo de la coalición italiana ya no contenga una cláusula formal de salida del euro, a diferencia de un borrador anterior. Todo lo que necesitamos saber es que Matteo Salvini, líder de la Liga, quiere crear las condiciones para una retirada del euro y que algunos, aunque no todos, de los miembros del Movimiento Cinco Estrellas, sus socios potenciales en el gobierno, también quieren lo mismo.

Otro argumento es que los mercados financieros frustrarían tal rebelión. Aquellos que sostienen esa creencia están cometiendo el error de vincular la mentalidad de un político centrista con la de los nuevos líderes italianos. Los centristas europeos tienen una necesidad emocional de ser considerados como conservadores fiscales; sin embargo, para el Sr. Salvini, una crisis financiera no es una amenaza sino una oportunidad, una que le permitirá retirarse de la membresía del euro.

Un tercer argumento es la capacidad supuestamente sobrehumana del presidente italiano para evitar un desastre. La constitución de Italia ha otorgado (sabiamente) al presidente poderes fuertes. El presidente tiene el derecho de nombrar ministros y puede negarse a firmar leyes consideradas incompatibles con la constitución. Pero incluso un presidente fuerte como Sergio Mattarella no puede decirles a los diputados y senadores que aprueben un presupuesto que cumpla con los requisitos de la eurozona.

Un cuarto argumento es que el centro siempre podrá nivelar las cosas. No lo creo. Recuerdo el intento del Partido Democrático y Forza Italia de Silvio Berlusconi el año pasado de cambiar el sistema electoral a su favor. Calcularon mal la magnitud del apoyo con el que contaban los populistas.

Los centristas ahora están recurriendo a la esperanza de que el Sr. Berlusconi — quien ha sido políticamente rehabilitado — pueda una vez más fortalecer su posición política. No veo evidencia para ese escenario. ¿Y qué dice acerca de la política italiana si su futuro sólo pudiera depender del hombre que es el principal responsable del desastre económico del país?

En quinto lugar, se dice que, si todo lo demás falla, siempre existe el Banco Central Europeo. Mario Draghi, su presidente, salvó la eurozona en 2012, pero ¿puede salvar la democracia liberal? Su principal herramienta anticrisis, un programa conocido como Transacciones Monetarias Directas, diseñado para gobiernos que cumplen con las normas que se encuentran bajo un ataque especulativo por parte de los inversores, es irrelevante en este caso.

Finalmente, existe la esperanza de que la recuperación económica beneficie a los partidos centristas. Creo que lo opuesto es el caso. El movimiento Cinco Estrellas y la Liga generarán una recuperación a través de un gran estímulo fiscal y serán reconocidos por ello. Están en el poder precisamente porque los centristas no han logrado cumplir sus promesas con respecto a la economía. La verdad es que no hay tal cosa como un mecanismo de seguridad para la democracia liberal.

Aquí radica la lección principal de la República de Weimar. Si la democracia liberal no logra generar prosperidad económica para una porción suficientemente grande de la población durante largos períodos, se acabará, junto con las instituciones financieras y económicas que ha creado.

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