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La vulnerabilidad del sistema eléctrico en Puerto Rico retrasa la recuperación

La vulnerabilidad del sistema eléctrico en Puerto Rico retrasa la recuperación

La vulnerabilidad del sistema eléctrico en Puerto Rico retrasa la recuperación

La vulnerabilidad de la infraestructura eléctrica de Puerto Rico se ha convertido en uno de los principales retos para el Gobierno de la isla, cuyos 3,5 millones de habitantes sufren apagones generales que retrasan la recuperación económica. Las alarmas sonaron esta semana en la Fortaleza, sede del Ejecutivo que lidera Ricardo Rosselló, después de que la negligencia en los trabajos que llevaba a cabo una excavadora en el sur de la isla provocará un apagón que dejó sin electricidad a todo el país. El apagón masivo se produjo solamente una semana después de otro que afectó a 900.000 personas, esta vez por la caída de un árbol, dos incidentes a priori intrascendentes en otros lugares pero que colapsaron la actividad de Puerto Rico. El gobernador Rosselló dijo que no era admisible que un error en los trabajos de una excavadora, que dañó una línea de alta tensión provocando un monumental cortacircuito, dejará sin energía a más de 3 millones de personas, lo que supuso un perjuicio difícil de calcular. La economía de Puerto Rico lucha por salir adelante tras una década de crisis, está en proceso de reestructuración de una millonaria deuda, no puede acudir a financiarse a los mercados y está, además, supervisada por una entidad de control federal, a lo que ahora suma los que comienzan a ser habituales apagones masivos. El miércoles, el sistema colapso y comenzaron a escucharse las plantas generadoras de diésel que saltan de forma automática cuando cae el servicio, señal del temido apagón. La dirección de la energética estatal, la Autoridad de la Energía Eléctrica (AEE), atribuyó el apagón que paralizó al país a la negligencia en los trabajos que llevaba a cabo una excavadora de una compañía contratada para el restablecimiento de la infraestructura, totalmente destruida tras el paso del huracán María en septiembre. El gobernador Rosselló dijo que esta vez fue una excavadora, mientras que la pasada semana el apagón que afectó a cerca de 900.000 clientes lo provocó la caída de un árbol, lo que consideró inaceptable para un territorio que lucha por dejar atrás la losa de una crisis de una década. El catedrático de Economía de la Universidad de Puerto Rico José Alameda señaló a Efe que, sin duda, los efectos de estos apagones tienen una consecuencia sobre la marcha del territorio caribeño. Alameda aclaró que un ejercicio muy sencillo para conocer el impacto de los apagones sería dividir los cerca de 100.000 millones de dólares del producto interior bruto entre los días del año y así se obtendría una idea aproximada del daño ocasionado. Las miradas se dirigen ahora hacia la AEE, la empresa energética estatal, la corporación pública más grande de la isla, una entidad que el Gobierno quiere privatizar parcialmente dada su crítica situación financiera, la falta de modernización de sus infraestructuras y precios elevados, a lo que sus clientes suman la denuncia de un servicio deficiente. La entidad federal impuesta por legislación aprobada por el Congreso en Washington para abordar el asunto de la impagable deuda propuso esta semana un Plan Fiscal -documento base para dotarse de presupuestos sin déficit- para la transformación de la AEE que incluye reestructurar el área de generación, reconstruir y modernizar la red de energía. El Plan Fiscal propone una transformación operacional de costos, ejecutar un programa de inversión de capital a gran escala con miles de millones de dólares en fondos federales e inversiones del sector privado. De hacerse realidad ese plan, se pondría fin a uno de los problemas más importantes que durante décadas ha afectado a la economía del territorio caribeño, cuyo servicio eléctrico es rehén de la corporación pública. La patronal ha apuntado durante años también que las tarifas elevadas de la AEE "ahogan" a las empresas al elevar sus costes operativos hasta niveles que las hacen poco competitivas a nivel internacional, lo que significa un lastre más para la economía de la isla.

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