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Managua se ha reconstruido, pero no se puede escapar de su violento pasado

Managua se ha reconstruido, pero no se puede escapar de su violento pasado

Managua se ha reconstruido, pero no se puede escapar de su violento pasado

Las protestas brutales son un doloroso recordatorio de la historia de la capital para los jóvenes nicaragüenses.

Para comprender cómo funciona Nicaragua bajo el peso de su dolorosa historia, simplemente hay que tratar de seguir las direcciones para navegar por su capital, Managua.

Un claro ejemplo de esto son las direcciones que recibes cuando intentas encontrar el Consejo Nacional de Universidades. Su dirección es "Donde solía estar el hospital militar Alejandro Dávila Bolaños, 2 cuadras al norte, 1 cuadra al este". Pero muchos lugareños usan "arriba" en lugar de este, es decir, la dirección de donde sale el sol. Intenta ingresar eso en Waze.

Esto se debe al terremoto de 1972, que prácticamente arrasó la ciudad de Managua y mató a cerca de 10,000 personas. Aunque la ciudad ha sido reconstruida, la falta de nombres y números en las calles mantiene el pasado completamente en el presente.

La historia está en todas partes en Nicaragua, no sólo en el sistema de direcciones idiosincrásico de la capital. El Frente Sandinista de Liberación Nacional, o FSLN, tomó su nombre de un ídolo revolucionario de hace casi un siglo, Augusto César Sandino. Su presidente, Daniel Ortega, es el mismo hombre que lideró a los sandinistas después de que derrocaron al dictador Anastasio Somoza en 1979. Pero los críticos dicen que el comandante Daniel de antaño, vestido de verde oliva, se ha convertido en el mismo dictador que ayudó a deponer.

Después de cuatro meses de protestas antigubernamentales que han cobrado hasta 448 vidas, algunos creen que la historia se está repitiendo. "Nunca pensé que viviría a través dos dictaduras y dos revoluciones, porque ésta es una revolución cívica", dice Sergio Ramírez, quien fue vicepresidente del Sr. Ortega en la década de 1980.

Desde el 18 de abril, cuando estallaron las protestas en contra del gobierno del Sr. Ortega (que se ha extendido durante 22 de los últimos 39 años), la represión del gobierno es inquietantemente similar a los últimos meses del gobierno del Sr. Somoza. "El espíritu, los jóvenes voluntarios, todas las familias involucradas, la forma en que se convirtió en un movimiento nacional; todo esto se asemeja a la década de 1970. Es el mismo espíritu, de un país alineado", dice Luis Carrión, uno de los nueve comandantes que sirvió en la junta sandinista gobernante después de 1979.

De la misma manera, se han visto huelgas, esfuerzos diplomáticos fallidos y una negativa del presidente a contemplar la posibilidad de dejar el cargo antes de tiempo. La crisis anterior duró a través de 1978 y la mitad de 1979, aunque fue una insurrección armada. "Los niños de hoy dicen: '¿Tenemos que pasar por todo eso?'", dice Enrique Sáenz, un ex diputado de la oposición.

En el último mes, ha vuelto una relativa calma a las calles. Pero Henry Ruíz, otro de los nueve comandantes del FSLN, quien exhibe con orgullo un mosaico de mármol de Sandino y una imagen en blanco y negro del cubano Fidel Castro en su sala de estar, siente que el levantamiento contra el Sr. Ortega apenas ha comenzado: "La ola crecerá. No hay sólo una tradición de lucha en Nicaragua", dice. "También hay dolor”.

Nicaragua ha tenido una historia dura. Después de la insurrección para derrocar al Sr. Somoza, el FSLN se vio inmerso en una guerra civil contra los Contras — los contrarrevolucionarios respaldados por EUA — durante la mayor parte de la década de 1980. Al menos 30,000 personas murieron y los sobrevivientes padecieron de hambre e hiperinflación.

En 1990, el FSLN perdió las elecciones. El Sr. Ortega se postuló dos veces y perdió antes de regresar al poder en 2007. Desde entonces, ha estado en el poder, gobernando junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. Ha creado una nueva dinastía en un país que fue gobernado por la familia Somoza de 1937 a 1979.

La retórica revolucionaria se mantuvo igual, pero en lugar de expropiar negocios, el Sr. Ortega cultivó el sector privado, disfrutando de una economía en auge, conforme avanzaba su ambición de perpetuar su liderazgo. "Él se transformó", dice el Sr. Ruíz. "Pero, él no es un caso aislado. Hay una galería de traidores de izquierda".

Al igual que casi todos los sucesos del pasado en Nicaragua, el resultado de la crisis actual tal vez tenga mucho que ver con EUA. El primer dictador del país, José Santos Zelaya, fue expulsado del poder con ayuda estadounidense en 1909. Luego, siguieron dos décadas de presencia militar estadounidense en el país. Como dice un hombre de negocios: "Para los nicaragüenses, es imposible ver la realidad sin el peso de la historia".

Hoy, la mitad de todos los nicaragüenses tienen menos de 30 años. Tal vez no hayan vivido la revolución sandinista o la guerra de los Contra, pero se están enfrentando a dolorosos recordatorios, conforme se desploma la economía. "El ingreso per cápita está en el mismo nivel que hace 40 años", dice Mario Arana, ex presidente del banco central y ministro de finanzas. "Ése es el precio que pagamos".

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