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Nuevo presidente Iván Duque enfrenta serios desafíos en Colombia

Nuevo presidente Iván Duque enfrenta serios desafíos en Colombia

Nuevo presidente Iván Duque enfrenta serios desafíos en Colombia

Cuando Iván Duque juró su cargo el martes, se estaba enfrentando a una desalentadora serie de desafíos. El nuevo presidente de Colombia debe asumir la tarea de apuntalar un proceso de paz cada vez más débil, desactivar las tensiones con la vecina Venezuela, frenar la producción de cocaína, combatir la corrupción y reactivar una economía tibia.

 

El líder derechista de 42 años de edad — el presidente electo más joven del país en más de un siglo — ganó cómodamente las elecciones presidenciales del mes pasado, pero sólo tiene cuatro años de experiencia política como senador y es en gran medida una incógnita.

 

"Enfrenta un gran desafío", dijo Sergio Guzmán, un analista político independiente en Bogotá. "No podrá realizar cambios radicales en todos los frentes, por lo que tendrá que elegir cuidadosamente las batallas que quiere emprender. Creo que el proceso de paz, el desarrollo rural y la lucha contra las drogas serán sus principales prioridades".

 

El Sr. Duque reemplaza a Juan Manuel Santos, quien se retira con un Premio Nobel después de ocho años en el cargo, habiendo asegurado un acuerdo histórico en 2016 con las guerrillas izquierdistas de las FARC.

 

Pero dos años después, el proceso de paz está demostrando ser difícil de implementar. Los combatientes de las FARC se han desmovilizado y han entregado sus armas. Además, el grupo se ha convertido en un partido político que ocupa escaños en el parlamento. Pero Colombia sigue buscando una paz duradera.

 

Cientos de guerrilleros de las FARC se negaron a firmar el acuerdo y todavía siguen prófugos. A ellos se unieron otros disidentes, desilusionados con el ritmo de la implementación del acuerdo. Los remanentes de los paramilitares de derecha siguen activos en muchas áreas rurales y han estado asesinando a líderes comunitarios y sindicalistas con alarmante regularidad.

 

Además, el otro gran grupo armado del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), nunca fue parte del acuerdo con las FARC y sigue luchando. El gobierno ha estado en conversaciones con ellos, pero el progreso ha sido lento y es probable que no continúe con el Sr. Duque a cargo. El nuevo presidente ha dicho que sólo se sentaría con los guerrilleros si declaran un cese del fuego unilateral, algo que se han negado a hacer.

 

Debido a la desmovilización de las FARC, las bandas criminales se han trasladado a algunas de las áreas que una vez ocuparon y la producción de coca se ha disparado. Las inspecciones aéreas sugieren que ahora hay alrededor de 200,000 hectáreas de tierra bajo cultivo de coca, cinco veces más que a principios de la década de 1990, cuando el narcotraficante Pablo Escobar estaba en el apogeo de su notoriedad. La producción de cocaína es más difícil de medir, pero también se cree que ha alcanzado niveles récord.

 

Colombia solía erradicar los cultivos de coca del aire con pesticidas, pero esa medida se detuvo en 2015 por problemas de salud. El Sr. Duque tendrá que decidir si quiere comenzar a implementar el proceso de nuevo, una movida que podría reducir el tamaño de la cosecha de coca pero que también sería controvertida.

 

El vecino caótico de Colombia, Venezuela, es otro tema espinoso en la bandeja de entrada del presidente. A medida que el país desciende aún más hacia el colapso económico, su presidente Nicolás Maduro ha arremetido contra Colombia, acusando a Bogotá de causar inestabilidad deliberada a instancias de EUA.

 

El fin de semana pasado, el Sr. Maduro acusó al Sr. Santos de estar detrás de un aparente intento de asesinato en Caracas que involucró drones cargados de explosivos.

 

Durante su mandato, el Sr. Santos intentó ignorar las burlas del Sr. Maduro, o al menos trató de reducir las tensiones. En cambio, el Sr. Duque, respaldado por las fuerzas conservadoras en el Congreso — principalmente por el combativo ex presidente colombiano Álvaro Uribe — podría no ser tan conciliador.

 

"No hay un gran deseo de iniciar una acción decisiva contra Venezuela a nivel regional", dijo el Sr. Guzmán. "Colombia podría presionar para aislar aún más a Venezuela diplomáticamente, pero cualquier medida que adopte el Sr. Duque no llegará al punto de enfrentar directamente a Maduro".

 

Desde el punto de vista económico, el Sr. Duque ha heredado un país cuyo crecimiento económico ha promediado apenas 1.9 por ciento en los últimos dos años, muy por debajo del promedio de las últimas décadas. Él ha prometido impulsarlo a 4.5 por ciento.

 

Dice que quiere recortar los "sofocantes" impuestos comerciales, pero dado que Colombia se ha comprometido a reducir su déficit fiscal al 1 por ciento del producto interno bruto para el año 2022, tiene poco margen de maniobra. El año pasado el déficit fue del 3.6 por ciento.

 

"Será difícil para Duque cumplir con los recortes tributarios corporativos que ha prometido", dijo María Luisa Puig, analista de Colombia en el Grupo Eurasia en Londres. "Además, si modifica las leyes fiscales podría provocar una rebaja de la calificación crediticia soberana".

 

El Sr. Duque nombró a Alberto Carrasquilla como su ministro de Finanzas, una medida muy bien recibida por la comunidad empresarial. El Sr. Carrasquilla ocupó el mismo cargo durante cuatro años bajo el mandato del Sr. Uribe, un período caracterizado por el conservadurismo fiscal y un gran crecimiento económico.

 

El nombramiento más controvertido del nuevo presidente es el de Guillermo Botero como ministro de Defensa. El Sr. Botero es un hombre de 70 años de edad que ha sido un acérrimo crítico del acuerdo de paz. Tiene poca experiencia aparente para su cargo, ya que ha trabajado para la federación nacional de minoristas durante los últimos 15 años.

 

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