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Progreso social de El Salvador en peligro por covid-19

La pandemia ha dejado una capacidad reducida para proveer servicios. Casi todos los factores que componen el bienestar de las personas podrían deteriorarse.

El Centro de Progreso Social, una instancia impulsada por Fundación Poma y que opera en colaboración con ESEN, presentó ayer  un estudio sobre el posible impacto de la pandemia.

Las medidas de confinamiento y prevención para frenar la crisis sanitaria provocada por el covid-19 provocarán una de las peores recesiones en la historia de El Salvador y del mundo, los hogares vivirán de forma profunda este golpe puesto que la pandemia amenaza con causar un retroceso histórico en el progreso social que ha tenido el país.

El Centro de Progreso Social, una instancia impulsada por Fundación Poma y que opera en colaboración con ESEN, presentó ayer un estudio sobre el posible impacto de la pandemia, no solo en las cifras económicas, sino siguiendo la metodología del Índice de Progreso Social (IPS), una herramienta compuesta por indicadores que reflejan elementos esenciales para el desarrollo, como salud, educación, vivienda, entre otros.

A nivel económico, el estudio señala la parálisis provocada por la cuarentena domiciliar y la reapertura gradual y un "shock" externo por que hay una recesión mundial que afecta el mercado y un efecto específico para El Salvador por la situación de los compatriotas en Estados Unidos. El Estado tiene además un margen menor para costear medidas: los ingresos han caído y la deuda ya de por si es alta.

Manuel Sánchez Masferrer, coordinador del Centro de Progreso Social, explicó que a nivel general se espera un deterioro en todos los indicadores que componen el IPS y solo podría haber una leve mejora en el área de seguridad por que hay menos personas en la calle —aunque la violencia específicamente contra la mujer en los hogares sí aumentó— y un impulso a mejorar la conectividad.

La caída de ingresos lleva a mayor inseguridad alimentaria y menor adquisición de medicamentos y uso de servicios médicos. La salud se deteriora no solamente por contagios de covid-19, sino que porque se reduce la capacidad de atención médica para otras enfermedades y crónicas. Esto es de hecho una tendencia en todos los servicios públicos, hay menos capacidad de atender por la emergencia.

"Mientras el Gobierno está ocupado en atender la pandemia, en buscar recursos, en enfrentar la caída de los ingresos fiscales, la calidad de los servicios públicos se ve deteriorada porque muchos de ellos han cerrado durante la cuarentena y otros incluso después de la cuarentena van a seguir cerrados", dijo Sánchez Masferrer.

En el campo educativo el estudio anticipa mayores dificultades para garantizar la continuidad educativa. Mientras que las diferencias en el acceso a internet, computadora, televisión y espacios para estudio en el hogar provocarán que se acentúen las brechas. El deterioro en la economía de los hogares podría además provocar que aumente la deserción escolar.

Por otra parte, las medidas de confinamiento podrían deteriorar el sistema de derechos de la población, algo que también podría incidir en la libertad de expresión. El acceso a las instituciones de justicia. Además hay un riesgo de agravar la situación de poblaciones tradicionalmente excluidas.

Incluso en indicadores que podrían mantenerse estables, se prevé que en la práctica puede darse un impacto. Por ejemplo, en el matrimonio adolescente hay factores contrapuestos, pues el confinamiento podría reducirlo, pero al mismo tiempo este podría aumentar por la deserción escolar.

Seguir proveyendo el nivel de atención que se daba antes —que ya tenía sus deficiencias— seguirá siendo un desafío por la caída de la economía. Además el Gobierno por el escaso margen financiero tendrá presiones a adoptar mayor austeridad, que "es un amenaza a gasto social", por lo que se debe buscar que el recorte sea en áreas que no tengan un impacto tan fuerte en el progreso social y se deben de tomar en cuenta estas necesidades al utilizar los créditos que se han aprobado.

Ivette Contreras, asesora técnica del Centro de Progreso Social, señaló que si bien la presión fiscal incidirá en la política pública, "es una oportunidad para que el Gobierno pueda priorizar algunos gastos, especialmente el gasto social y tratar de minimizar cualquier ineficiencia".

La economista agregó que aunque en todos los países hay un impacto del covid-19, El Salvador tendrá un golpe especialmente más fuerte por la caída en el flujo de las remesas, pues muchos caerían bajo la línea de pobreza al no recibir el dinero por parte de sus familiares.

"Si el 40 % de las personas en situación reciben una remesa, eso implica que ni con la remesa logran salir de la situación de pobreza, es decir, no les alcanza para cubrir dos veces la canasta básica alimentaria, que es lo que se ocupa en El Salvador como línea de pobreza", apuntó.

En el 2019 El Salvador registró un IPS de 64.7, por debajo del promedio de Latinoamérica y, en el istmo, está detrás de Costa Rica y Panamá, pero con mejores resultados que Guatemala, Honduras y Nicaragua.

"En Fundación Poma estamos convencidos de que el desarrollo sostenible de un país se logra cuando el crecimiento económico y el progreso social van de la mano. Es por eso que desde 2014 impulsamos el IPS como una forma de identificar los retos sociales que necesita superar El Salvador para garantizar el bienestar de las personas", afirmó Alejandro Poma, vicepresidente de Fundación Poma.

Minimizar el impacto el estudio hace recomendaciones para reducir el impacto.

1- Salud
Aumentar capacidad, pero  no solo para covid-19; y apoyo de sector privado.  

2- Hogares
Promover alimentación y protección a grupos vulnerables.  

3- Educación
Una estrategia de nivelación para después de la pandemia.

4- Empleo
Adaptar estrategias al sector informal. 

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