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Presidentes de México y El Salvador debaten sobre migración

El presidente salvadoreño Nayib Bukele llegó el jueves a la frontera sur de México para hablar de migración con su homólogo Andrés Manuel López Obrador y anunciar acuerdos para el desarrollo de Centroamérica cuando México acaba de poner en marcha un programa para frenar la migración.

Presidentes de México y El Salvador debaten sobre migración

Presidentes de México y El Salvador debaten sobre migración

El presidente salvadoreño Nayib Bukele llegó el jueves a la frontera sur de México para hablar de migración con su homólogo Andrés Manuel López Obrador y anunciar acuerdos para el desarrollo de Centroamérica cuando México acaba de poner en marcha un programa para frenar la migración.

Ambos líderes, que tienen previsto un encuentro privado por la tarde, coinciden en la importancia de atajar las causas de la migración en el Triángulo Norte integrado por Guatemala, El Salvador y Honduras.

Para algunos centroamericanos la cooperación con sus países y la generación de empleo podrían desanimar la migración, pero la mayoría cree que muchos seguirán huyendo de la violencia.

“Esto está muy bien, que den trabajo, pero si no acaba la violencia no servirá”, dijo a The Associated Press Carlos Vindel, un chofer de 24 años que junto con dos adultos y dos niños cruzaron el martes la frontera y llegaron a la ciudad mexicana de Tapachula.

La presencia de marinos en la orilla el lunes, parte del despliegue anunciado por México de 6.000 efectivos del nuevo cuerpo de la Guardia Nacional para contener la migración, sólo hizo que Vindel y el pequeño grupo que iba con él retrasaran el cruce un día para evitar ser detenidos.

“Aunque haya proyectos van a seguir saliendo” migrantes, afirmó Vindel, quien huyó porque los pandilleros querían que trabajara para ellos.

El hombre estimó que ahora que el nuevo presidente salvadoreño anunció que perseguirá a las maras, “se va a poner más crítico, va a haber más violencia porque las maras responden”.

Miles de salvadoreños han emigrado en los últimos meses por la pobreza y la violencia en su país similares a la que viven sus vecinos de Honduras y Guatemala. Y aunque el flujo parece haberse reducido en los últimos días con el despliegue de militares, marinos y policías en muchos puntos de la frontera sur de México, el goteo de migrantes continúa.

El canciller mexicano Marcelo Ebrard indicó la víspera que 14 agencias de las Naciones Unidas están dispuestas a colaborar con el plan para Centroamérica en el que también se han comprometido a participar Estados Unidos y varios países europeos, aunque sin cifras concretas.

Toda esa ayuda puede llevar tiempo en dar resultados pero los que han podido acogerse a los planes de trabajo temporal ofrecidos por México están esperanzados.

María del Carmen Ramírez, una joven de 23 años que salió de Honduras con su hijo de 3, su cuñada y su sobrino después de que asesinaran a su hermano, lleva un mes barriendo calles, limpiando y descargando plantas.

“De momento me voy a quedar aquí mientras haya trabajo. He tenido suerte”, afirmó mientras esperaba la llegada de los presidentes en un vivero del ejército cerca de la frontera con Guatemala.

Todos ven positivo este tipo de programas, a los que pueden acceder tras iniciar los procesos de regulación migratoria. Y algunos hasta entienden el despliegue de las fuerzas armadas para contener los cruces, pero nadie piensa en regresar.

“No se trata sólo de conseguir empleo allá”, dijo Luis Antonio Vázquez. “También es por las extorsiones que te hacen si tienes empleo”, agregó el salvadoreño de 21 años quien consideró que el despliegue de la Guardia Nacional “puede darnos seguridad a todos pero también puede que no deje pasar a muchos que huyen para que no los maten”.

En lo que va del año más de 24.000 personas han solicitado asilo en México, casi la misma cantidad que en todo 2018.

Hasta que logran la primera cita para iniciar el proceso -que puede durar hasta 100 días- muchos como la hondureña Yesenia Hernández, su marido y sus dos hijos, tienen que dormir en la calle porque los albergues están llenos.

“Si hubiera oportunidades, trabajo, hospitales todo eso allá, no vendríamos”, dijo Hernández, procedente de San Pedro Sula. “Y si no existiera violencia”.

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