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Segunda cumbre Trump-Kim, momento crucial para Corea del Sur

Segunda cumbre Trump-Kim, momento crucial para Corea del Sur

Segunda cumbre Trump-Kim, momento crucial para Corea del Sur

 El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, ha empeñado su capital político en los avances diplomáticos espectaculares que ha logrado con Corea del Norte así como en organizar tras bambalinas las cumbres entre los mandatarios estadounidense y norcoreano.

Pero luego de meses de impasse en las conversaciones sobre el armamento nuclear norcoreano, la presidencia de Moon se encuentra en una encrucijada cuando el presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un se aprestan a reunirse por segunda vez la semana próxima.

Moon, un liberal que asumió en mayo de 2017, busca desesperadamente una salida para seguir avanzando en las relaciones con el Norte que han impulsado la diplomacia tripartita, pero están estancadas debido a las duras sanciones impuestas a Pyongyang. Los partidarios de Moon esperan que los progresos de Trump y Kim en materia nuclear permitirán el levantamiento parcial de las sanciones necesario para que las dos Coreas reanuden proyectos económicos conjuntos que han quedado encajonados.

Pero la mitigación rápida de las sanciones a la que aspira Moon bien puede verse postergada.

No está claro si Kim está dispuesto a negociar la entrega de sus armas nucleares, y Washington considera que la presión económica sigue siendo la mejor manera de presionar a Pyongyang. Si fracasan las negociaciones nucleares, Moon bien podría verse inmerso en el dilema de seguir profundizando las relaciones con el Norte o sumarse a una nueva campaña de presiones liderada por Estados Unidos.

Un vistazo a lo que está en juego para Moon cuando Trump y Kim se aprestan a reunirse en Hanoi, la capital de Vietnam:

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LA OPORTUNIDAD PARA MOON

Moon considera que Seúl debe tener un papel protagónico en las negociaciones con Pyongyang, y su prioridad es mejorar las relaciones con el Norte, lo cual, dice, impulsará el avance de las conversaciones nucleares entre Washington y Pyongyang.

Hijo de refugiados de guerra norcoreanos, Moon ha jurado retomar el legado de los expresidentes Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun. Bajo su “Política de la Luz del Sol”, que ayudó a elaborar como jefe de despacho de Roh, estímulos económicos de Seúl lograron un acercamiento temporario y cumbres en 2000 y 2007 con el entonces líder Kim Jong Il, el difunto padre del actual mandatario. En una conversación telefónica con Trump el martes, Moon dijo que el Sur estaba dispuesto a avanzar en proyectos económicos intercoreanos para estimular nuevas medidas de desarme nuclear por parte de Kim.

Pero Moon se encuentra en un atolladero mayor que sus predecesores liberales, que gobernaban cuando la amenaza nuclear del Norte era apenas incipiente. Kim tiene ahora en su arsenal ojivas termonucleares y misiles balísticos intercontinentales capaces potencialmente de alcanzar territorio continental estadounidense.

El encuentro Trump-Kim en Hanoi podría ser un punto de inflexión para la determinación de si se avanza hacia una península coreana estable y libre de armas nucleares o si el Norte se consolida como potencia nuclear. Moon, quien enfrenta elecciones parlamentarias cruciales el año entrante, no puede darse el lujo de sufrir un revés en las relaciones intercoreanas, su punto más fuerte.

Moon goza de un buen nivel de apoyo de la opinión pública en cuanto a su acercamiento con Corea del Norte. Pero encuestas recientes revelan un escepticismo creciente, sobre todo entre los surcoreanos mayores, sobre si Kim entregará sus armas nucleares.

“Mientras persista el régimen de Kim Jong Un, Corea del Norte jamás cederá sus armas nucleares, así les paguemos billones o trillones de dólares”, dijo Thae Yong Ho, un exdiplomático norcoreano que desertó al Sur en 2016.

“El armamento nuclear es la fuerza de gravedad que mantiene unido al régimen”, dijo Thae. “Compensa el retraso del Norte en la competencia intercoreana y resuelve al instante la inferioridad del Norte en poderío militar convencional con respecto a Estados Unidos y Corea del Sur”.

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TEMORES EN SEÚL

Mientras Moon se concentra principalmente en Corea del Norte, se le critica en casa por su mal manejo de los problemas internos.

El mercado laboral está en declinación: los 1,2 millones de surcoreanos desempleados en enero representan la cifra más alta en 19 años. El problema económico afecta los esfuerzos del gobierno para reformar los conglomerados familiares a los que se acusa de conducta monopólica y de mantener lazos corruptores con los políticos. Se teme también los efectos a largo plazo de la caída de la natalidad, a medida que muchas mujeres aplazan el matrimonio y los hijos debido a la inestabilidad económica, las arduas horas de trabajo y la escasez de guarderías infantiles.

Las profundas divisiones por género, edad y políticas parecen estar llegando a un punto crítico en vísperas de un año electoral, y la popularidad del oficialismo liberal ha caído debido a varios escándalos, entre ellos el arresto de un gobernador provincial partidario de Moon por su participación en el amañado de encuestas online de cara a la elección presidencial de 2017.

“Las relaciones intercoreanas son lo único que marcha bien para el gobierno de Moon”, dijo el politólogo Yul Shin, profesor en la Universidad Myongji de Seúl. “Pero el entusiasmo menguará rápidamente si se suceden los eventos sin provocar cambios reales en la desnuclearización”.

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ESPERANZAS DE RESTAURAR PROYECTOS CONJUNTOS

Últimamente las dos Coreas han tomado medidas militares para reducir las amenazas convencionales, abrieron una oficina de enlace en la población norcoreana de Kaesong, cerca de la frontera, y han prometido avanzar en su postulación como sede conjunta de los Juegos Olímpicos de Verano de 2032.

Ahora quieren una mitigación de las sanciones para resucitar dos grandes símbolos de su acercamiento que dieron a Corea del Norte las divisas duras que necesita con desesperación: un parque industrial conjunto en Kaesong y viajes de turistas surcoreanos al centro vacacional de Kumgangsan.

En su tercera cumbre en Pyongyang, en septiembre, Moon y Kim acordaron avanzar en ambos proyectos. Kim dijo luego en su discurso anual de Año Nuevo que el Norte estaba dispuesto a reanudar los proyectos “sin condiciones previas”, a la vez que hizo una exhortación nacionalista a fortalecer la cooperación entre los dos países.

Corea del Sur suspendió los tours al monte Kumgangsan en 2008 después que un soldado norcoreano hirió de bala a un turista del Sur. El gobierno conservador anterior cerró el parque en Kaesong en febrero de 2016 tras un ensayo nuclear norcoreano.

Seúl no puede reanudar esos proyectos mientras sigan vigentes las sanciones internacionales, que se han reforzado significativamente desde 2016 conforme Corea del Norte aceleraba la fabricación de armas.

Una posibilidad de acuerdo sería que Pyongyang acepte desmantelar en forma verificable su complejo nuclear en Yongbyon y congele su programa nuclear. A cambio de ello, Washington podría tomar medidas para liberar las actividades intercoreanas en Kaesong y Kumgangsan, dijo Koh Yu-hwan, especialista en Corea del Norte en la Universidad Dongguk de Seúl y asesor político de Moon.

La reanudación de las actividades económicas intercoreanas probablemente requeriría una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, algo difícil de imaginar a menos que Kim dé pasos hacia la cesión verificable e irreversible de su arsenal nuclear, dijo Lim Soo-ho, analista del Instituto de Seguridad Nacional con sede en Seúl. Aunque esto suceda, quedan en pie las sanciones unilaterales de Washington, bajo las cuales las empresas surcoreanas que emprendieran negocios en el Norte se verían amenazadas de boicot por parte de Estados Unidos.

Trump tendría que iniciar un proceso exhaustivo para mitigar las sanciones, dijo Lim, porque una ley de 2016 requiere no solo que Corea del Norte avance en el desarme nuclear sino que rectifique su política lamentable en materia de derechos humanos para que se suspendan o levanten las medidas punitivas.

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