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Cripto

Inversión de El Salvador se desangra: las primeras compras de bitcóin valen un 60% menos

Precio del bitcoin cayó por debajo de los $20.000 en junio y El Salvador posee alrededor de 2.300 unidades de estas criptomonedas. 

Foto: archivo

“Mi consejo: dejen de ver la gráfica y disfruten la vida”, tuiteó Nayib Bukele, presidente de El Salvador, ante la caída en picada del bitcoin por debajo de los $20.000, monto que no se veía desde diciembre de 2020.

El mensaje del mandatario se da en un contexto donde los cerca de 2.300 bitcoines que ha adquirido El Salvador con un aproximado de $105 millones de fondos públicos han perdido alrededor del 50% de su valor desde que El Salvador adoptó el criptoactivo como moneda de curso legal en el país.

De hecho, el precio de las primeras 400 criptomonedas compradas por el gobierno de Bukele el 6 de setiembre del 2021, un día antes de que entrara a regir la denominada Ley Bitcoin, ha caído en un 61,44%. Es decir, la inversión pública que originalmente costó $21 millones, se cotiza en $8,12 millones para el 22 de junio del 2022: una depreciación de $12,88 millones en tan solo nueve meses.

El escenario de “pérdidas” no cambia al comparar la primera compra de bitcoines con la última, la del 9 de mayo de 2022. Para esa fecha el país adquirió 500 unidades a un precio promedio de $30.744, lo que equivaldría a una inversión de $15,37 millones.

Bukele celebró la negociación con un tuit que decía: “¡El Salvador acaba de comprar la caída!”, lo que significa que adquirió “barato”, sin embargo, a esa “caída” todavía le faltaba fondo: menos de dos meses después, para el 18 de junio, esos mismos bitcoines valían 38,37% menos.

“(Bukele) los compra en su teléfono cuando quiere aprovechar la caída, pero no lo hace bien porque cuando compra siempre hay una caída mayor”, dijo Carlos Acevedo, exjefe del Banco Central de El Salvador, al portal especializado Bloomberg, en mayo pasado.

Acevedo ha sido uno de los principales críticos que ha tenido la apuesta salvadoreña por el bitcoin. Para el exfuncionario, la volatilidad del criptoactivo es demasiado alta como para que la población más empobrecida de El Salvador se arriesgue a usarlo, además crítica la poca transparencia que hay alrededor de las compras gubernamentales. “Es una inversión que queda totalmente a discreción del presidente”, le dijo al medio estadounidense.

Las adquisiciones de las criptomonedas se hacen públicas a través de la cuenta de Twitter de Bukele, donde no se brinda detalle sobre el proceso de toma de decisiones. Entre los mismos medios locales no hay una certeza sobre el total de bitcoines que ha adquirido el gobierno.

El secretismo ha sido señalado también por Jaime Reusche, vicepresidente de crédito de la calificadora de riesgo Moody’s. “Lo cierto es que estamos un poco a la merced de los tuits del presidente, sobre todo en el tema de bitcoin. No hay mucha transparencia sobre cómo se están haciendo estas compras, dónde se están poniendo los bitcoin”, dijo Reusche en una entrevista con CNN, en mayo.

El gobierno salvadoreño, por su parte, insta al público a no preocuparse por la caída en el valor del criptoactivo. En una comparecencia a la prensa el 13 de junio, Alejandro Zelaya, ministro de Hacienda, dijo que El Salvador “no ha tenido pérdidas” por la caída del bitcoin porque todavía no ha vendido las criptomonedas.

La diputada opositora, Claudia Ortiz, denunció que “el punto no es si el bitcoin baja o sube. Somos un país pobre cuyo Gobierno usó millones del dinero de la gente para una apuesta fracasada que no mejoró sus vidas. El dinero pudo usarse para apoyar a las familias más vulnerables y no para un capricho de criptoinfluencers”.

Bukele, a su vez, pide paciencia. El jerarca mencionó en un tuit del 18 de junio que la inversión “está segura y su valor crecerá muchísimo después del bear market (mercado bajista)”.

Zelaya también mencionó que el riesgo fiscal de la adopción del criptoactivo “es extremadamente mínimo”. Sin embargo, esas palabras las pronunció en una coyuntura donde a El Salvador no le sobran recursos: tiene una deuda de casi un 90% del Producto Interno Bruto (PIB), un déficit fiscal del 5,8% y todavía no tiene claro de dónde va a desembolsar los $800 millones que debe por bonos con vencimiento a enero del 2023.

Pérdida de aliados

La factura de la apuesta por el bitcoin no solo está en la pérdida de su valor, sino en la erosión de su reputación. Las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por un rescate de $1.300 millones están en pausa desde abril del 2021. El FMI ha mostrado desconfianza en la política que El Salvador ha realizado alrededor del criptoactivo.

En enero de 2022, la entidad instó a las autoridades salvadoreñas a limitar el alcance de la Ley Bitcoin eliminando su calidad de moneda de curso legal. “La adopción de una criptomoneda (...) implica graves riesgos para la integridad financiera y del mercado, la estabilidad financiera y la protección del consumidor. Asimismo, puede ocasionar pasivos fiscales contingentes”, argumentó el Fondo.

Esta relación rota entre el FMI y el gobierno de Bukele también ha causado que las calificadoras de riesgo pongan a El Salvador en la zona “basura”.

En febrero del presente año, Fitch Ratings rebajó la calificación de incumplimiento de emisor de El Salvador a “CCC” desde “B-”. “En opinión de Fitch, el debilitamiento de las instituciones y la concentración de poder en la presidencia han aumentado la imprevisibilidad de las políticas, y la adopción de bitcoin como moneda de curso legal ha agregado incertidumbre sobre el potencial de un programa del FMI que desbloquearía el financiamiento para 2022-2023″, se lee en el documento presentado por la calificadora.

Moody’s, por otra parte, también rebajó la nota del país centroamericano el 5 de mayo: pasó de Caa1 a Caa3 directamente, saltándose Caa2. La calificadora observó una “mayor probabilidad de un evento crediticio (reestructuración, cambio en dificultades o incumplimiento) con una gravedad relativamente alta”.

El Salvador preveía emitir bonos bitcoin para recaudar $1.000 millones entre febrero y marzo del presente año, según lo había anunciado el Ministerio de Hacienda, no obstante la emisión no ocurrió y el futuro de dicho instrumento de deuda se encuentra en el aire.

Con una montaña de compromisos de pago por delante, todo parece indicar que la apuesta de Bukele seguirá en marcha con la esperanza de que el mercado bajista pase.

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