Economía

Agricultores de Florida llevan a empresas de "fast foods" al comercio justo

Agricultores de Florida llevan a empresas de

Agricultores de Florida llevan a empresas de "fast foods" al comercio justo

La lucha de los agricultores se apuntará un nuevo logro este mes cuando el abogado Steve Hitov reciba el Premio Gwynne Skinner a los Derechos Humanos por defender a campesinos de Florida, en su mayoría latinos, quienes llevaron a un comercio justo a grandes compañías como McDonalds y Taco Bell.

Los últimos 25 años de su carrera, Hitov ha representado a la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW), una organización de derechos humanos a 64 kilómetros de Naples, sur de Florida, que creó el Fair Food Program (FFP), un programa de comercio justo considerado una de las iniciativas de mayor impacto social de nuestros tiempos.

"No me engaño, los trabajadores de Immokalee han hecho mucho más que yo", dijo en una entrevista con Efe Hitov, que el 24 de este mes recibirá el galardón.

"Este no es un reconocimiento por mi trabajo personal, sino va junto a CIW y a todo lo que se ha logrado con el FFP. Ellos han tomado riesgos inimaginables, yo solo los he representado", afirmó el estadounidense.

El FFP es una asociación única entre dueños de cultivos, trabajadores agrícolas y comercios de alimentos que garantiza mejores salarios y condiciones laborales para recolectores de frutas y verduras en las fincas participantes.

En Immokalee, perteneciente al condado Collier, donde nació esa coalición, se produce el 90 % del tomate de la Florida.

Cuando Hitov comenzó a trabajar con los agricultores, Immokalee era uno de los poblados más pobres del país y las condiciones de trabajo eran de las peores. Pero ahora eso ha mejorado notablemente. "Cuando me reuní con ellos la primera vez, supe que tenían todas las razones por las que estudié leyes: lograr un cambio social y representar a los indefensos", apunta el jurista.

"Me impactó mucho saber que una campesina tenía que dejar su dignidad en la puerta de la finca para poder trabajar. Y dije: tengo que ayudar a que nadie pase por esto", agrega.

Según narró el laboralista, el logro más grande de este grupo surgió en una reunión comunitaria de 2000.

Alguien leyó un artículo en el que decía que, al comprar tanto tomate, las grandes cadenas de comida rápida (conocidas en inglés como "fast foods") estaban haciendo que bajara su precio. Y otro preguntó: "Si ellos pueden hacer que nuestros precios bajen, podemos nosotros hacer que lo suban un poco?".

Esa pregunta cimentó las dos bases principales del programa, incluyendo que las grandes corporaciones se comprometan a comprar alimentos de proveedores que se ajustaran a un "código de conducta", que abarca aspectos como honorarios justos y normas de seguridad.
También que accedieran a pagar un centavo más por cada libra de tomate, centavo que iría a los trabajadores.

Un año más tarde, la CIW organizó un boicot a Taco Bell en el que participaron 22 universidades de EE.UU. En 2005, Taco Bell se convirtió en el primer gigante de comida rápida en firmar el acuerdo.

"Dos años después, logramos que McDonalds se uniera al programa, también Subway y en algún momento Burger King y Walmart", recuerda Hitov.
"Otro gran paso fue cuando en 2008 Whole Foods se unió, porque hasta entonces solo compañías que ponían el tomate sobre una hamburguesa o un sandwich formaban parte de todo esto. Pero ahora ya era un supermercado, y eso nos llevaba a otro nivel".

Para que estos gigantes se unan al programa, la coalición denuncia a las grandes corporaciones que usan a proveedores que no velan por las condiciones laborales de sus trabajadores.

Primero a través de un comunicado de prensa o de su sitio web, después realizando marchas y llamando al boicot de la empresa. La presión persiste hasta que la compañía accede a firmar el acuerdo.

La coalición, sin embargo, no es tan grande como se pudiera pensar. Está conformada por una veintena de personas que representan a 35.000 trabajadores en siete estados del país.

"Y miren todo lo que ha logrado. Según el Harvard Business Review esta es una de las historias más exitosas de impacto social de nuestra era", acota Hitov.

Pero no todas las batallas se han ganado. Desde 2013, CIW lucha por que Wendys, otro gigante de comida rápida, se una a su programa.
Este mes organizó una nueva serie de protestas en varios campus universitarios donde Wendys tiene presencia.

Además, solo el 25 % de los tomates que se venden en EE.UU. vienen de sus afiliados.

La vida de los agricultores sigue siendo muy dura y peligrosa. En Florida tienen que cargar cubetas de más de 13,6 kilos sobre sus hombros con altas temperaturas ambiente.

"Ha habido cambios sustanciales, pero siempre se puede mejorar. Yo diría que apenas estamos en el proceso de hacer su trabajo más seguro y menos incómodo, pero este es un proyecto en progreso constante", comenta Hitov.

Ahora, dice, es momento de llevar esa estrategia a "los chiles pimientos en Nuevo México, los agricultores del ajo en California, llevarlo a Bangladesh".

"Ojalá podamos hacerlo pronto", anhela Hitov.

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