Economía

Centroamérica aspira por ser de clase media

Centroamérica aspira por ser de clase media

Centroamérica aspira por ser de clase media

Para 2013, más de 14 millones de centroamericanos eran de clase media, una magnitud casi semejante a la población de Guatemala. En este texto, publicado en agosto de 2014, El Economista se planteaba la preguntas: ¿qué rasgos caracterizan a este grupo social en la región? y ¿cuáles son las claves para su expansión?

Las clases medias se han convertido en un indicador de robustez para los países desarrollados, ya que dinamizan el crecimiento económico gracias a su mejor posición financiera. Estas tienen asegurada la provisión de los servicios más básicos y se pueden permitir gastos en otros rubros de interés particular.

¿Pero cuál es el rostro de las clases medias en Centroamérica? ¿Cuál es su tamaño y alcance? El rostro en el istmo está apenas dibujándose con papel y lápiz de la educación y una importante dosis de esfuerzos.

Venir de una escuela pública o de una familia promedio no fue obstáculo para que Arístides Hernández, ahora un destacado economista y empresario panameño, se quedara sin cumplir su sueño de convertirse en un profesional. El ahora presidente de Latinconsulting Co lo logró por becas de estudio.

“Estudiar no era una opción, era la única manera de afrontar lo áspera que es la vida”, dice hoy el profesional.

En teoría, las clases medias suelen tener asegurada su situación económica, pero conquistar dicho estatus requiere, sobre todo en los países latinoamericanos, de un esfuerzo importante en educación y trabajo.

Así también lo muestra la historia de Yara Argueta, criada en un hogar de 10 hijos en una aldea de la zona rural de Zacapa, en Guatemala; su madre lavaba ropa en el río de la localidad. Su vida cambió cuando, luego de varios desafíos, se convirtió en presidenta de Grupo La Paleta.

“Mi madre puso el estándar y lo puso alto”, relata al hablar de su experiencia, en la cual su progenitora tuvo mucho que ver como inspiradora para mejorar la situación económica de sus hijos.

En Nicaragua, Maritza Moncada dirige una mediana empresa de encomiendas, con 80 empleados. Su oportunidad llegó rodando con un automóvil viejo, con el que ella decidió comenzar a repartir periódicos en Managua.

“Realmente era muy pobre”, asevera Moncada. Durante la década de 1990 quedó sin trabajo, sin dinero y con cinco hijos por mantener.

En los últimos 20 años, 43 de cada 100 latinoamericanos ha experimentado movilidad de clase social, sostiene el Banco Mundial (BM). Sin embargo, son pocos quienes dicen adiós a la pobreza para convertirse en parte de la clase media.

Más bien, los no pobres pasan a una especie de grado que el BM denomina “los vulnerables”, quienes viven con ingresos diarios por hogar entre $4 y $10. Los pobres sobreviven con menos de $4 al día.

Solo una de cada 10 personas que consigue la llave para abrir la puerta de la clase media era pobre, mientras que nueve ya estaban en el segmento de los vulnerables, apunta el estudio “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, del BM.

Entre 2003 y 2009, el club de la clase media latinoamericana subió a una tasa anualizada de 6.7 %, desde 100 millones de personas a más de 150 millones.

Rango de ingresos

¿Pero qué es la clase media? ¿cuál es su alcance en Centroamérica? La misma definición ya afronta un punto de partida desafiante en el istmo y para Latinoamérica en general.

En el estudio referido anteriormente, el Banco Mundial lo define como una banda de ingresos que oscila entre $10 y $50 diarios por cabeza, al tipo de cambio de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPP, por sus siglas en inglés), para el efecto particular fijado en 2005.

Así, un hogar conformado por cuatro personas entraría a la clasificación cuando sus ingresos anuales superan los $14,600 y lleguen a un techo de unos $73,000.

Y es sobre esta base en la que se asienta la clase media, la cual ya representa a un 30 % de los habitantes del subcontinente, asevera Julián Messina, economista senior en el BM y parte del equipo autor del informe.

“América Latina no es una región de clase media todavía, aunque está camino de ella; tampoco es una región pobre, pero sí es una región vulnerable”, resume el investigador.

Y es que dos terceras partes de la población aún no afianzan la seguridad económica. El 30.5 % vive en condiciones de pobreza, mientras que un 37.5 % es vulnerable.

“En el estudio no entramos a diseccionar la clase media, pero de alguna manera, lo que nosotros llamamos vulnerables en algunas comparaciones se le puede llamar clase media baja”, explica Messina.

Sin embargo, la idea de seguridad es clave en la clasificación propuesta. Un vulnerable afronta un riesgo mayor al 10 % de regresar a la condición de pobre; en tanto, para las medias, la posibilidad de caer en la desventura es menor.

La creación de una clase media más fuerte sí tiene una receta básica y el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) es uno de los ingredientes principales.

El combate a la inequidad es el segundo requisito, sin el cual la preparación carecería de la eficacia.

Según el BM, Latinoamérica aceleró el avance del PIB desde 2003, aunque sin lograr la intensidad de los países asiáticos; y a esto la acompañó con una reducción de la desigualdad en 12 de 15 países estudiados.

El escenario a 2030 pinta positivo, pues el 42 % de los latinoamericanos ya pertenecerían a las clases medias, aunque un 18 % seguiría en la pobreza.

En otro punto de vista, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define a la clase media global como los hogares con gastos diarios por persona entre $10 y $100.

Así, en las cifras a 2009, este segmento social era de 180 millones de centroamericanos y suramericanos, es decir, el 10 % a escala global, sostiene Homi Kharas en su informe “La clase media emergente en los países en desarrollo”.

El poder adquisitivo de las medias latinoamericanas significaba el 7 % del total, es decir $1.5 billones, en PPP a 2005.

Para la OCDE, esta fracción subirá a 313 millones de latinoamericanos en 2030. Para entonces su capacidad de gasto será de $3.2 billones.

No obstante, su peso global será menor al actual, ya que las clases medias asiáticas pasarán de representar el 28 % de la mundial en 2009 al 66 % en 2030.

Por otro lado, Euromonitor International –en su investigación “De la base de la pirámide hasta las clases medias emergentes: consumidores en Latinoamérica”– considera en este grupo a los hogares que ingresan entre $10,000 y $45,000 anuales.

Se trata de un segmento que se seguirá engrosando. Entre 2013 y 2020, aumentará en 18 %, estima la casa de análisis.

“Sería erróneo asumir que las clases medias en Latinoamérica son pudientes. Muchos han escapado recientemente de la pobreza y aún cuentan con ingresos relativamente bajos además de no contar con muchos de los bienes duraderos que las clases medias en las economías avanzadas dan por sentado”, analiza Sarah Boumphrey, jefa de Investigación de Países y Consumidores.

El istmo, dividido

En Centroamérica, las clases medias se desarrollan a un ritmo lento en comparación con Latinoamérica.

“Con El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras, podemos decir que esta subregión (la clase media) ha pasado de 20 % en el año 2000 a 25 % en 2013, se trata de un aumento más moderado”, anota Messina.

El estudio de opinión pública Latinobarómetro 2013 propone colocar en perspectiva cómo se clasifica la población, con base en su realidad y sus expectativas, por eso explora el sentir económico.

Cuando se ven al espejo, ¿cuántos se miran como un rostro de la clase media? En Centroamérica los que se miran con esa cara se sitúan con más fuerza en el sur: El 49 % de ciudadanos se autoconsidera de clase media en Costa Rica, e igual en Panamá.

Al norte, también lo hace el 39 % de guatemaltecos, muy cerca del 38 % del promedio latinoamericano.

En el resto del vecindario, los resultados son bastante más lánguidos: solo uno de cada cuatro nicaragüenses y uno de cada cinco hondureños se piensa en dicho estrato.

La clase media salvadoreña sería la más estrecha de todo el istmo: apenas el 16 % de su población se considera en ese segmento, según la clasificación de la Corporación Latinobarómetro, con sede en Chile.

En atención a dichas dimensiones –y, cruzando los resultados con las estimaciones demográficas del Banco Mundial– se deriva que unos 14.5 millones de centroamericanos se autoproclaman como clase media, lo que correspondería al 32.3 % de la población.

En términos de volumen, la media más fuerte está en Guatemala, con 6 millones de habitantes; seguida de Costa Rica, con casi 2.4 millones; Panamá, con 1.8 millones; Honduras, con 1.6 millones; Nicaragua, con 1.5 millones; y El Salvador con poco más de 1 millón.

Messina confirma que en Costa Rica la clase media está en torno al 47 % del país, en cifras a 2012. “Evidentemente es el país de la región con una clase media más potente”, valora.

En tanto, Panamá tiene el desafío de trabajar en disminuir la inequidad.

Irene Giménez, gerente general de Goethals Consulting en Panamá, apunta que si bien en Panamá la clase media se acerca a la mitad de la población, hay distorsiones que afectan esa la lectura.

Entre estas cita, por un lado, el aislamiento de la población indígena, y por otro el sistema de zonas libres.

“En los últimos años, la mayor parte de atracción de la inversión ha sido hacia esas zonas, el crecimiento ha sido por grupos, Panamá tiene una de las poblaciones con mayor desigualdad en el mundo”, plantea Giménez.

Esta dinámica de crecimiento ha provocado que, al mismo tiempo, vayan aumentando los subsidios estatales.

“En un país con crecimiento real, las clases van ascendiendo o mejorando en su nivel de vida y paralelamente van cayendo los subsidios del Estado”, reflexiona. Así, se trata de una clase media ayudada desde el sector público.

Esta situación ha dado falsas señales a los bancos, pues la cartera de créditos para consumo se ha duplicado en los últimos años.

La entrevistada plantea que la clase media panameña podría verse complicada cuando el retiro de subsidios les genere presión con respecto a su ingreso y, al mismo tiempo, las tasas de interés comiencen a subir.

Por otro lado, ¿es la clase media salvadoreña la más pequeña de la región?

Alexander Segovia, economista, presidente del Instituto Centroamericano para el Desarrollo y el Cambio Social (Incide) y ex secretario técnico de la Presidencia, plantea que en El Salvador hace falta un mapeo completo de la estratificación social, lo cual dificulta un diagnóstico certero.

La anterior administración consideraba a la clase media como un 25 % de la población, según estudios particulares. “Mucha gente dice que es más, otra gente dice que es menos”, valora. “En este momento, se está manejando un concepto más político de clases medias”, reconoce el exfuncionario.

El Instituto Incide tiene en sus planes emprender un estudio de estratificación social, herramienta que sería útil para mejorar las políticas públicas en áreas sensibles como los subsidios.

Para Willy Zapata, jefe de la Unidad de Desarrollo Económico de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), las clases medias merecen un trato impositivo que esté acorde con su capacidad económica.

“Los impuestos deben afectar a todos en forma progresiva: al más pobre, a la clase media y al que más tiene”, plantea.

En Guatemala, Édgar Monzón, director de Prodatos para Centroamérica y el Caribe, resalta el atractivo de las medias en esa nación centroamericana.

“La clase media representa el 56 % del gasto potencial de todos los hogares en Guatemala, mucho del movimiento financiero proviene de ellos”, relata.

Los estudios de Prodatos seccionan a las clases medias como bajas (C3), medias (C2) y altas (C1).

Por ocupación, en las C1 se ubican profesionales independientes, dueños de negocios medianos, vendedores exitosos y profesionales en compañías grandes o multinacionales.

En tanto, las C2 y C3 se refiere a supervisores, jefes de producción, comerciantes individuales y vendedores de rango medio.

“Tienen una dinámica de compra que les permite adquirir ciertos bienes de comfort y todavía de capacidad de endeudamiento; en cambio, las clases bajas ya tienen comprometidos sus ingresos”, plantea Monzón.

Según el guatemalteco, uno de los fenómenos que ha impulsado la progresividad social es la incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo.

¿Clases aseguradas?

El Banco Mundial define un piso mensual equivalente a $1,216.66 de ingresos para una familia de cuatro personas, para considerarlo clase media. ¿Hasta qué punto basta y sobra para llevar una vida segura y cómoda?

La Canasta Básica Alimentaria (CBA) se utiliza para estimar las necesidades básicas de comida. ¿Hasta qué grado de holgura satisfacen las necesidades las clases medias?

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) propone utilizar una CBA per cápita para optimizar el estudio de este fenómeno.

Con la definición de este indicador por cabeza es viable estimar una CBA homologada para un hogar de cuatro personas con ingresos desde $1,216.66.

Así, la CBA ajustada a un cuarteto familiar es más alta en Costa Rica, con $340.72, seguida en orden descendente por Panamá ($330.80), Honduras ($284.92), Guatemala ($250.40), Nicaragua ($203.72) y El Salvador ($185.56).

Así, una familia que comienza a pisar el terreno de la clase media cubre hasta 6.56 veces sus necesidades alimenticias en El Salvador; pero solamente las supera en 3.57 veces si vive en Costa Rica.

Para completar el escenario regional, el borde inferior de la clase media en Panamá multiplica por 3.68 veces la CBA de su país, por 4.27 en Honduras y por 4.85 en Guatemala.

En Nicaragua, las familias de clase media lograban satisfacer hasta 5.97 veces las necesidades alimenticias fundamentales.

El engrosamiento de las clases medias no es precisamente el comienzo de un caminar entre rosas ni garantiza la absoluta paz social.

Por el contrario, hay síntomas de que las exigencias de la población seguirán latentes e incluso pueden provocar descontentos sociales, tal como sucedió en Brasil en el marco del mundial de Fútbol 2014.

Así lo resume Jim Yong Kim, presidente del BM: “Esas personas que han salido de la pobreza extrema y ahora se integran a la clase media buscan una oportunidad para sus hijos”, y por lo visto no se cansaran hasta lograrla.

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