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Presidente Solís afirma que la contienda electoral de Costa Rica recuerda al siglo XIX

Presidente Solís afirma que la contienda electoral de Costa Rica recuerda al siglo XIX

Presidente Solís afirma que la contienda electoral de Costa Rica recuerda al siglo XIX

La contienda electoral que vive Costa Rica, centrada especialmente en el conservadurismo religioso, recuerda a los enfrentamientos de finales del siglo XIX entre católicos y liberales, dijo hoy en una entrevista con Acan-Efe el presidente del país centroamericano, Luis Guillermo Solís. "Es un momento de grandes transformaciones. No había precedentes de un debate como el que hemos tenido en los últimos meses en nuestro país desde finales del siglo XIX, cuando se enfrentaron católicos y liberales en un conflicto que tuvo consecuencias bastantes perdurables", explicó el mandatario. "Hoy en día no se trata del catolicismo, sino del pentecostalismo en la política", aclaró Solís, quien viajó este miércoles a Panamá para inaugurar la feria comercial Expocomer y que recibió a Acan-Efe minutos antes en un hotel de la capital panameña. El predicador evangélico Fabricio Alvarado ganó el pasado 5 de febrero la primera vuelta de las elecciones presidenciales y se enfrentará el 1 de abril al candidato oficialista Carlos Alvarado. Los dos son periodistas de profesión, pero defienden posiciones diametralmente opuestas en materia de derechos humanos. El primero ha hecho de su cruzada contra el matrimonio gay y la educación sexual su buque insignia, mientras que el segundo defiende que los Estados tienen que acatar el reciente pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) a favor de las uniones del mismo sexo. "Este nuevo fenómeno (el integrismo religioso), que tiene que ver con valores y principios de orden moral, se está expresando en muchos otros lugares del mundo", alertó Solís, un historiador que llegó al poder en 2014 de la mano del centro izquierdista Partido Acción Ciudadana (PAC). El gobernante afirmó que los comicios generan siempre "cierta incertidumbre", sobre todo, si hay opiniones tan enfrentadas, pero aseguró no temer por el futuro de Costa Rica si finalmente el predicador Alvarado se convierte en presidente. "Tenemos una institucionalidad muy fuerte. Digamos que en ese sentido no me preocupa el resultado de las elecciones. Las instituciones del país siempre son más fuertes que los gobiernos que momentáneamente encabezamos el poder ejecutivo", admitió. La CorteIDH emitió en enero, en plena campaña electoral, una opinión consultiva a solicitud del Gobierno del propio Solís acerca de los derechos de la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales) en la que dice que los Estados tienen la obligación de garantizar el matrimonio a las parejas del mismo sexo. El pronunciamiento levantó ampollas en ciertos sectores de la sociedad costarricense, liderados por el evangélico Alvarado, quien llegó a acusar al tribunal regional de tratar de imponer una "ideología de género" en los países latinoamericanos. "Para efectos jurídicos, ya se ha convertido en una resolución de obligado cumplimiento. En el caso de Costa Rica, no se requeriría la aprobación de ninguna ley (para legalizar el matrimonio gay), sino simplemente la aplicación de las leyes actuales", afirmó. Actualmente, el matrimonio homosexual es legal solo en una veintena de los 193 países reconocidos por la ONU, entre los que se encuentran siete americanos: Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Estados Unidos, México y Uruguay. Solís, que abandonará el poder el próximo 8 de mayo, dijo sentirse "orgulloso" de dejar un país con una "gran" estabilidad macroeconómica -"excepto el tema fiscal y la deuda, que se han convertido en preocupaciones generales"- y señaló que uno de sus mayores logros ha sido reducir los índices de pobreza y exclusión "por primera vez en una década". Con respecto a Venezuela, el presidente costarricense aseguró que los tiempos "se están agotando" porque cada vez hay más presión interna y externa, pero avisó de que una intervención internacional en el país suramericano sería algo "gravísimo". "Es una situación que no debe resolverse con violencia ni fuera del marco de los acuerdos internacionales. Me parece que sería gravísimo una involución en ese sentido en América Latina como se ha sugerido que podría ocurrir en el caso de Venezuela", zanjó.

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