Economía

Venezuela levanta cuarentena entre temores de quiebras

Venezuela inició el lunes la reactivación de algunas actividades ante el temor de una quiebra masiva de empresas y la incertidumbre generada por la entrada en vigor de un aumento de la gasolina que por primera vez en la historia se venderá a precios internacionales y se pagará en divisas.

Un cliente espera que llenen el tanque de su vehículo en una estación de servicio en Caracas, Venezuela, el lunes 1 de junio de 2020, mientras todos usan máscaras en medio de la nueva pandemia de coronavirus. (AP Foto/Ariana Cubillos)

Luego de dos meses y medio de paralización por la cuarentena impuesta para frenar el nuevo coronavirus, la construcción, la banca, las industrias textil, química y de calzados, el transporte, las ferreterías y peluquerías, entre otros, reanudarán sus labores bajo un esquema de cinco días de trabajo y 10 de descanso.

Los sectores que reabrirán deberán operar en horarios que fijó el gobierno para evitar las aglomeraciones de personas.

Los centros comerciales, los lugares de recreación y deporte, el turismo y los centros educativos seguirán paralizados y se mantendrán las operaciones de la agroindustria, los comercios de alimentos, los servicios públicos y los centros de salud, los únicos sectores a los que se les permitió operar durante la cuarentena.

Caracas recuperó el lunes parcialmente la normalidad con decenas de personas con el rostro cubierto con tapabocas caminando por las aceras y numerosos vehículos recorriendo las principales vías y haciendo largas filas en las estaciones de gasolina.

Un cliente paga con dólares estadounidenses antes de llenar el tanue de su motocicleta en una estación de servicio en Caracas, Venezuela, el lunes 1 de junio de 2020, mientras todos usan máscaras en medio de la nueva pandemia de coronavirus. (AP Foto/Ariana Cubillos)

Entre los empresarios existen muchas dudas sobre cómo funcionará la reactivación parcial debido a la escasez de combustible que paralizó gran parte del transporte público y privado -lo que podría generar dificultades de movilidad para trabajadores y clientes- y los temores por la aceleración de los contagios de covid-19 que ya ha dejado 1.496 casos y 14 fallecidos.

“La economía va a arrancar muy lentamente”, dijo a The Associated Press María Carolina Uzcátegui, expresidenta de la mayor cámara de comerciantes del país, al reconocer que ante las “señales fuertes de precariedad de los servicios” para muchas empresas será muy complicado retomar las operaciones.

Uzcátegui afirmó que la caída de flujo de caja y del consumo han golpeado fuertemente a los debilitados sectores empresarial e industrial, cuya capacidad de producción ha caído más de 50%.

“Son muchos los que no van a tener capacidad de volver a abrir”, sostuvo la empresaria.

Uno de los pocos que reabrió fue Jesús Naranjo, propietario de una ferretería en el este de la capital. A pesar de no tener clientes afirmó que sentía esperanzado por retomar la actividad, pero agregó que su supervivencia dependerá de que llegue a acuerdos con sus proveedores y arrendatarios para financiar las deudas pendientes.

Venezuela enfrenta la depresión económica mundial generada por la pandemia en medio de una compleja situación local que se prevé que se agravará por la caída de 70% de los ingresos petroleros, seis años consecutivos de contracción, la pérdida de valor de su moneda, la destrucción de la capacidad productiva y las sanciones de Estados Unidos, sostuvo el economista Luis Vicente León, presidente de la encuestadora local Datanálisis.

Agregó que la nación sudamericana está en medio de una “tormenta perfecta” que generará efectos devastadores.

El Fondo Monetario Internacional proyectó que la economía venezolana se contraerá 15% este año y la inflación será del 15.000%.

La compleja crisis mantiene a 9,3 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población, en una situación de “inseguridad alimentaria” moderada o grave, según un informe de febrero del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas.

La flexibilización de la cuarentena coincide con un plan nacional abastecimiento de gasolina que comenzó también el lunes con la reapertura de más de un millar de estaciones de servicio, muchas de las cuales habían cerrado en los últimos dos meses.

Hasta el momento las autoridades no han informado con cuánto combustible cuentan para abastecer al país que antes de la cuarentena tenía una demanda de unos 127.000 barriles diarios. El gobierno recibió la semana pasada cinco tanqueros de Irán con 1,5 millón de barriles de gasolina y aditivos para cubrir la escasez.

Sin mencionar cifras, el presidente de la corporación estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), Asdrúbal Chávez, dijo a la televisora estatal que “hoy tenemos inventarios suficientes y provisión para esta demanda”.

Las autoridades también pusieron en vigencia un esquema dual de precios: la gasolina se venderá a 50 centavos de dólar el litro y se pagará en divisas en unas 200 estaciones privadas, mientras en las restantes 1.368 estaciones públicas se comercializará al precio subsidiado de dos centavos de dólar por litro y se limitará el suministro a 120 litros mensuales para vehículos y 60 para motocicletas.

Por décadas la nación petrolera ha tenido la gasolina más barata del mundo -menos de 10 centavos de dólar el litro- pero debido a la fuerte escasez se estaba negociando en el mercado negro entre 2 y 3 dólares el litro, muy por encima de los precios internacionales.

Para evitar que el incremento de la gasolina impacte en la inflación el gobierno fijó un subsidio del 100% para el transporte de carga y público, pero los analistas prevén que el esquema dual de precios estimulará un mercado negro que terminará impactando sobre el valor de la mayoría de los bienes.

Bajo la custodia de decenas de militares, algunos de ellos armados con fusiles, la mayoría de las gasolineras de Caracas iniciaron sus operaciones bajo el esquema dual de precios.

En una fila de vehículos de varios kilómetros Junior Pérez, un transportista de 29 años, aguardaba desde la madrugada la apertura de una estación de servicio del este de la capital.

“No me importa pagar la gasolina lo que sea. Para mi trabajo necesito llenar mi carro y para hacerlo haré lo que sea necesario”, expresó Pérez y agregó que los últimos dos meses dependió de sus escasos ahorros porque no conseguía gasolina para mover su camioneta.

A pesar de que en otras estaciones se vendía la gasolina subsidiada en bolívares, Pérez prefirió pagar en dólares porque las “colas son demasiado largas, nadie atiende y todo es un desastre”.

A varios metros de la camioneta de Pérez estaba en su sedan color azul Yulimar Martínez, una enfermera de 35 años, quien dijo que establecer el pago en divisas del combustible va a “ampliar la separación entre los pobres, que sólo ganan en bolívares, y los pocos que estamos en la clase media y los ricos que ganamos en dólares”.

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