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Acciones para evolucionar en la equidad

En “No hay vuelta atrás. El poder de las mujeres para cambiar el mundo”, Melinda Gates hace un recorrido por la labor de la Fundación Bill y Melinda Gates desde sus inicios, pasando por su evolución, hasta su trabajo actual centrado gran parte en el desarrollo de las mujeres y las niñas .

Acciones para evolucionar en la equidad

Acciones para evolucionar en la equidad

En “No hay vuelta atrás. El poder de las mujeres para cambiar el mundo”, Melinda Gates hace un recorrido por la labor de la Fundación Bill y Melinda Gates desde sus inicios, pasando por su evolución, hasta su trabajo actual centrado gran parte en el desarrollo de las mujeres y las niñas .

En nueve capítulos, la copresidenta de la fundación, que es informática y desarrolladora de software, lleva por un camino  de enseñar a las mujeres a “despegar”. A base de ejemplos, testimonios y vivencias propias con el trabajo de la institución, y su vida en una de las empresas de tecnología más famosas del mundo: Microsoft, Gates demuestra los procesos necesarios para empoderar a las mujeres y que estos generen un cambio cultural.

 “Si quieres que la humanidad avance, empoderar a las mujeres es la inversión más completa y generalizada y de mayor rendimiento que se puede hacer en seres humanos”, dice la empresaria y filántropa que ha visto cómo con sus programas se puede cambiar la vida de comunidades enteras.

Melinda Gates ha recorrido con la fundación muchos de los países más pobres del mundo, como la India y naciones africanas, y ha escuchado a mujeres que son tratadas como un lastre y como propiedad de sus parejas, a mujeres que no tienen derecho a poseer la tierra ni los recursos, a otras que son obligadas a parir desde temprana edad y a otras más que la única forma de sobrevivir y llevarle alimento a sus hijos es prostituyéndose.

Así, a base de historias y vivencias en primera persona cuenta cómo “si buscas pobreza encontrarás a mujeres que no tienen poder”. No tienen el poder de aprender ni de estudiar, ni el poder de trabajar de manera equitativa ni en igualdad de condiciones con los hombres, ni el poder de decidir cuándo casarse ni de cuándo ser madres.

De esa forma, el trabajo que inició con la planificación familiar, para que las mujeres pudieran espaciar sus embarazos para brindar una mejor atención a sus hijos, pasó a programas completos de apoyo a las mujeres campesinas y en contra del matrimonio infantil y la ablación, así como a campañas de salud materno-infantil, destinadas a derribar costumbres y tradiciones arraigadas que ponían en peligro la vida de los recién nacidos.

 El feminismo

Como a muchas mujeres aún en pleno siglo XXI, a Melinda Gates le daba miedo ser llamada feminista, pero hoy logra definirse como tal. “Ser feminista significa creer que todas las mujeres deberían de hacer uso de su voz y desarrollar su potencial, y que mujeres y hombres deberían colaborar para derribar las barreras y acabar con las diferenciaciones que son un lastre para las mujeres”, dice.

Esas barreras no solo están en los países en desarrollo, donde trabaja la fundación que creó con su esposo, Bill Gates, sino también en las grandes empresas radicadas en Estados Unidos donde las mujeres se ven obligadas a hacer oír su voz y a resguardarse entre ellas.

Gates hace un interesante análisis de la necesidad de los grupos de mujeres para poder hacer frente a los problemas: desde poner una denuncia de violación en una comisaría de la India hasta levantar la voz contra el acoso sexual en una empresa tecnológica en Silicon Valley.

El libro es una lectura obligada para entender por qué a estas alturas de la historia todavía se habla de falta de equidad.  

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