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El costo ambiental de internet

A diario, cada una de nuestras acciones online tiene un impacto ecológico en la medida en que demandan electricidad y emiten dióxido de carbono: ¿qué podemos hacer?
 

Foto: Shutterstock

Internet nunca duerme. Cada minuto se envían por el mundo 42 millones de mensajes de WhatsApp, se hacen 3.8 millones de búsquedas en Google, se ven 404.000 horas de Netflix, se suben 347.000 historias a Instagram y unas 70.000 personas aplican a un trabajo en LinkedIn.

Como reflejan los datos recopilados por el sitio Visual Capitalist, la red de redes se ha convertido en poco menos que un servicio esencial, que nos permite comunicarnos, trabajar, comprar, informarnos y entretenernos hasta resolver prácticamente cualquier asunto de la vida cotidiana con solo un click. Sin embargo, pocos reparan en que nuestros hábitos digitales tienen un silencioso pero significativo impacto en el ambiente.

Malas noticias: usar internet también contamina. Cada una de las acciones online que hacemos a diario –como por ejemplo leer esta columna desde un dispositivo– llevan escondidas un pequeño costo ambiental por el uso de electricidad que demandan (y las emisiones de dióxido de carbono asociadas a su generación). Al respecto, en su libro Qué tan malas son las bananas: la huella de carbono de todo, el investigador británico Mike Berners Lee se tomó el trabajo de calcular cuánto contamina enviar un mail. Según su estimaciones, por cada correo electrónico que mandamos se liberan 4 gramos de CO2 a la atmósfera. La cantidad suena ínfima pero si sumamos todas las actividades virtuales de los 4500 millones de usuarios de internet, el panorama se empieza a oscurecer. De hecho, se estima que hoy la infraestructura necesaria para abastecer todas las tecnologías de la información genera entre el 2 y el 3% de las emisiones globales. Se trata de un impacto similar a la de la cuestionada industria aeronáutica. Como advierte Greenpeace en su informe Clicking Clean, si internet fuera un país, sería el sexto más contaminante del mundo.

¿Entonces qué debemos hacer? ¿Debemos mandar menos mails, borrarnos de Twitter y dejar de subir fotos a Instagram para evitar un desastre climático? No exactamente. Pero como dice Berners Lee, “si bien la huella de carbono de un correo electrónico no es enorme, es una excelente ilustración del principio más amplio de que eliminar los desechos de nuestras vidas es bueno para nuestro bienestar y bueno para el medio ambiente”.

Mientras algunos promueven un necesario detox digital por razones más ligadas a la salud mental, en términos ambientales una solución más realista es lograr que las enormes cantidades de electricidad que consume el sector provengan de fuentes de energía renovables. Cada vez son más las empresas tecnológicas que caminan en esta dirección. Los miembros del grupo GAFA, como se conoce a los cuatro gigantes de la industria Google, Apple, Facebook y Amazon, ya anunciaron ambiciosos compromisos de descarbonización. Sin embargo, todavía son muchas las compañías y los países –entre ellos la Argentina– en donde las principales fuentes de energía siguen siendo fósiles.

Otra de las críticas al consumismo digital desmedido pone el foco en los dispositivos, que también dejan su huella: cada vez parecen durar menos en nuestras manos pero sus componentes permanecen durante decenas y hasta cientos de años en el ambiente. “¿Cómo se fabrican estos aparatos? ¿Cuál es la materia prima que se utiliza? ¿Dónde se producen? Estas son las preguntas que hay que hacerse frente al consumo excesivo”, sostiene la activista y experta en consumo sustentable Natalia Mazzei en diálogo con la nacion. Y agrega: “Tenemos que repensar cómo nos vinculamos con estos productos, evitar su descarte y exigir a las empresas que le pongan un fin a la obsolescencia programada.

¿Qué más podemos hacer desde nuestro lugar? Paradójicamente, están surgiendo alternativas para proteger el medio ambiente mientras navegamos por la web. Entre los internautas más conscientes gana adeptos Ecosia, un motor de búsqueda similar a Google, pero con una gran diferencia: destina sus ganancias a plantar árboles y mitigar el cambio climático. El objetivo de este inspirador emprendimiento con sede en Berlín es llegar a los mil millones de árboles antes de 2025. No están lejos: por ahora sus usuarios ya llevan plantados 124 millones con sus búsquedas en internet.

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