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En busca del paraíso personal

Alarcón nos lleva a conocer por medio de la crónica a Carlos Linneo, y sus expediciones, a Teofrasto; y narra con entusiasmo los viajes de Alexander Von Humboldt, perseguido por la figura materna que llega a América y se adentra a las selva, llanuras y montañas para alimentar los ojos con todas las plantas que pudiera encontrar y del amor que vivió en el continente.

La novela “El tercer paraíso”  ganó el XXV de novela Alfaguara, uno de los premios literarios más reconocidos en la narrativa hispana.

¿Qué es el paraíso? Según Gilles Clément “el jardinero filósofo” paraíso viene del “latín paradisus, del griego paradeisos. Esa palabra griega surge del persa pairidaeza. que es cerco; de pairi, que es alrededor; y de daeza que significa muralla”. Así explica Cristian Alarcón su significado, y en su libro “El Tercer paraíso”, ganador del premio Alfaguara 2022, él lo derriba porque quita esa muralla y deja ver su interior.

Esta novela es eso, un vistazo íntimo, al interior, a la historia, al pasado, a eso que se esconde en las casas de madera de la aldea campesina de Daglipulli en la “región de los Ríos” en  Chile, y que solo lo conocen los que están dentro, los que lo vivieron en carne propia o aquellos que se alimentaron de la narración de esa historia para poder exorcizar, parte de ese dolor.

El narrador va desgranando su árbol familiar, su carga y cuenta cómo su abuela fue “seleccionada” desde que era una bebé por su abuelo para convertirse cuando era adolescente en su esposa;  o la cachetada que recibió su otra abuela el día de su boda para que le quedara claro quién mandaba en la casa.

La carga de violencia y el dolor, recibido por las “ancestras”, llega hasta él en regaños, y castigos antiguos que implicaban fuego y dolor; hasta que un día el niño asustado que quería ser perfecto  decide ponerle fin y enfrentar a esa figura poderosa de la madre. Una madre que deseó con desesperación el amor paterno a pesar de las patadas y golpes; una madre que cuidó a sus hermanos e incluso asistió sus partos; una madre que siendo niña, se libró de las grietas del terremoto, que soñó con irse con un circo y ser bailarina; una madre que de niña, lograba enfrentar a cualquiera en la calle  y que salió de la casa familiar, fuerte pero lastimada. 

Una madre que tuvo que huir de su país en medio de una dictadura, afrontar la maternidad y dejar lo que más deseaba, hasta que logró hacerse de su propio paraíso, donde cultiva rosas.  

El jardín

Esta novela es también, a la vez, una historia de esperanza en medio de la pandemia, de la búsqueda de ese paraíso terrenal, que surge al hacer un jardín que genera “una nueva conciencia”. De la paz que genera, ese paso a paso de seleccionar las flores, las dalias, los gladiolos, los agapantos  y las rosas; los pinos y plantas para ordenar ese espacio de ensueño en el que vive el autor lo que él llama su madurez. 

Aquí Alarcón nos lleva a conocer por medio de la crónica a Carlos Linneo, y sus expediciones, a Teofrasto; y narra con entusiasmo los viajes de Alexander Von Humboldt, perseguido por la figura materna que llega a América y se adentra a las selva, llanuras y montañas para alimentar los ojos con todas las plantas que pudiera encontrar y del amor que vivió en el continente.

Así, el autor logra de una manera magnífica contar historias en diferentes tiempos, con un estilo que pareciera la entrada de un diario personal y lleva a replantear la búsqueda del paraíso propio, con nuestras propias flores y nuestras propias plantas, amurallado o no.

“Las flores de este paraíso nos dicen a todos que esta tarde somos parte del jardín. Con el pudor de los sobrevivientes podemos decir que somos felices”.

Cristian Alarcón, es chileno-argentino; periodista y cronista; director de la revista Anfibia y de Cosecha Roja. El día de la premiación, señaló que “esta novela surgió de la desesperación y la soledad”.  “Yo venía intentándolo con dos proyectos, pero la no ficción exige demasiado... Lo que me llevó a escribir la novela fue la soledad, el encierro liberado, y la memoria que ya me habitaba”, dijo. 

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