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Julio Prado presenta La noche viene sin ti

El autor guatemalteco estuvo el fin de semana en El Salvador para presentar su novela que narra parte de su testimonio como fiscal.

Gira. El autor ha estado presentando su obra en Centroamérica. Su novela narra casos dolorosos de adopciones ilegales y rapto de menores.

Todo parecía en armonía, menos yo, que sentía que todo aquello tenía algo de falso y que detrás, en cada puerta de estas casas bonitas, estaba escondido algún horror. Eso era: estaba viendo la cara oculta de esta ciudad y no podía quitarle la vista. No sabía cómo. No podía”, reza un fragmento de la novela La noche viene sin ti de Julio Prado.

Esta es la primera novela del escritor guatemalteco,  publicada este año por Alfaguara y presentada recientemente por Libros La Ceiba en El Salvador. 

Prado, que antes había escrito cuentos, es abogado de profesión, y fue en 2016 el fiscal responsable de las imputaciones del caso de corrupción La Línea, que finalizó con el expresidente guatemalteco Otto Perez Molina y la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, en la cárcel.  

Pero en su faceta de escritor, lleva al lector a salir de la burbuja y ver con sus propios ojos el horror de lo que es capaz el ser humano, y que Prado conoció de primera mano cuando fue fiscal de la República y trabajó en el Ministerio Público.

La novela que transcurre a mediados  de los años 2000, con un buen ritmo, narra la vida del joven fiscal Gonzalo Ríos que acababa de iniciar a trabajar en la Unidad niñez  y adolescencia víctima.  Y cuenta cómo Ríos, un hombre recién casado que acaba de ser padre empieza a hundirse en casos  e investigaciones cada vez más duras que involucran maltrato, trata de menores, violación, rapto y adopciones ilegales. Y entre más bucea en ese mar de delitos, más choca contra la burocracia y el sistema.

Realidad novelada

Prado detalla las dificultades que debe de afrontar Ríos para luchar contra el mismo sistema. “Ahí empieza la frustración de Gonzalo, porque como fiscal debería de resolver los casos”, comenta, y explica que “la gran barrera que hay para una víctima, después del agresor es el mismo sistema, porque  para que lo escuchen y pueda conseguir un resarcimiento del daño que le hicieron tiene que pasar por un proceso que lo tortura”.

Y es todavía peor, cuando son casos de violencia sexual, porque incluso se les hace sentir culpables de lo que ocurrió. 

Y aunque la novela se basa en hechos reales, es una “realidad ficcionada”, que sirvió para solventar alguna culpa del autor porque no pudo resolver todos sus casos, y aunque la escritura no fue la medicina, sí ayudó junto a la terapia a tomar distancia de muchos de los hechos. 

“El dolor tiene que encontrar una vía para salir, y la vía es la terapia, si no pasan dos cosas entre las personas que están investigando delitos: o se convierten en criminales o terminan siendo cínicos”, dijo. 

Sobre todo después de haber tenido que ver cómo un padre buscaba en una montaña de Alta Verapaz el cuerpo de su hijo al que había enterrado, después de darse cuenta que posiblemente no era su hijo, porque una banda de roba niños daba cadáveres antiguos y no reclamados de recién nacidos a los padres.

O cómo encontraron una casa en Antigua Guatemala, con decenas de niños arrebatados o dados bajo engaño, listos para ser adoptados por extranjeros.

Y cómo él mismo narra en el libro, cuando se ve un aparatoso accidente: “Uno puede escoger no verlo. Pero lo ve, inevitablemente, porque el dolor es una llama que enceguece.  Y cuando uno siente la llama en la carne viva, jamás puede olvidarla”.

“La gran barrera que hay para una víctima, después del agresor es el mismo sistema, porque  para que lo escuchen y pueda conseguir un resarcimiento del daño tiene que pasar por un proceso que lo tortura”.
Julio Prado
 escritor

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