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La gran desilusión de la “revolución” nicaragüense

Tongolole no sabía bailar llevó al exilio al escritor Sergio Ramírez. Conozca sobre que trata esta novela que fue lanzada en septiembre pasado.

Sergio Ramírez (premio Cervantes 2018) regresa con toda la fuerza y, quizás, también, con todo el dolor que le da ver a su país natal arder. Esta novela, lo llevó nuevamente al exilio después que el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, ordenara su encarcelamiento;  porque en ella hace un retrato, de la mano de su personaje  el Inspector Dolores Morales, de la dura realidad de Nicaragua.

Tongolole no sabía bailar (Alfaguara, 2021) es la tercera entrega de la saga del Inspector Morales, lanzada en septiembre pasado, donde el autor vuelve con el género negro. Una novela policiaca, de asesinos, perseguidos y perseguidores, narrada de manera magnífica y con un ritmo acelerado, aunque con una historia tristemente real.

Ramírez advierte que es una obra de ficción, pero que toma en cuenta los hechos reales sucedidos en Nicaragua desde abril de 2018 y es un homenaje a los centenares de jóvenes caídos en la lucha contra la represión del Estado.

La novela

Morales es expulsado de Nicaragua, y llevado a un pueblo en la frontera de Honduras. Ahí, junto a su compañero “Rambo”, inicia la aventura para poder regresar a Managua.

Volver implica enfrentar a la mano detrás del servicio secreto Estatal (Tongolele y sus aliados) además de dejar cadáveres a su alrededor; porque de esta guerra represiva nadie se salva, ni los sacerdotes porque, como decía el comunicado dirigido a Monseñor Ortez, “las balas también atraviesan sotanas”, y así, como en los años 70 y 80, todo regresa en bucle.

Sergio Ramírez | Foto: Getty Images

Vuelven los muertos, los desaparecidos, regresa el miedo, para algunos cobardía, para otros la única forma de sobrevivir. Y así, también, vuelve la culpabilidad y el desencanto de haber luchado como guerrilleros por una Nicaragua diferente, haber creído en la revolución y darse cuenta, años después, que lo que crearon fue un “muñeco diabólico” que se alimentaba de “árboles de la vida” hechos de latón.

Con mucho ingenio, Ramírez va narrando con su pluma precisa esa caída de la ilusión, como cuando cae la venda de los ojos revolucionarios, cuando Tongolole se da cuenta que ya no es necesario, porque una sola mala movida o una mala mirada, o una palabra mal dicha es considerada por el “Gobierno de Amor, Paz y Reconciliación” como traición.

Y mientras el fiel servidor empieza a sentir el miedo, los jóvenes estudiantes lo van perdiendo y se levantan en bandada para derribar el símbolo de ese Gobierno: unos árboles de luces de neón que se erigen en las calles como si tuvieran poderes sobrenaturales. Porque este Gobierno de Amor cree en los mensajes del más allá que llegan en una “caja china”;  porque este Gobierno de Paz también cree que si alguien manipula los mensajes del más allá y traiciona la fe, merece la muerte;  y este Gobierno de Reconciliación está convencido que la única forma de detener al “enemigo” es con la fuerza que otorgan las armas rusas de largo alcance.

Y así lo hace, la operación “abate” va contra todas las “alimañas” enemigas de la revolución. Tongolele se da cuenta ahí que ya no sabe ni dónde está, ni contra quién está luchando. Solo sabe que en los informes oficiales las armas de guerra no existen, ni los muertos. Y esos que lucharon se creerán que son libres, pero eso es pura ilusión.

“Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?”. Apocalipsis 13:4.

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