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La historia de Roma con otros ojos

La historia de Roma con otros ojos

La historia de Roma con otros ojos

La historia la han escrito por siglos los hombres, y el papel de la mujer era, hasta hace algunos años, poco reconocido o nulo.

En “Yo, Julia” de Santiago Posteguillo, ganador del Premio Planeta 2018, la historia la escribe también un hombre, pero la voz la da otro: Galeno, el médico de los emperadores romanos. Estos logran contar lo que pocos han hecho y es el papel de la mujer, en este caso Julia Domna, en la construcción de uno de los imperios más grandes del mundo, el Imperio romano.

Con una gran maestría, Posteguillo lleva al lector a vivir los últimos años del reinado del emperador Cómodo (177-192 d. C.), hijo de Marco Aurelio y un mandatario déspota y sanguinario, y la enzarzada lucha civil que se libró para obtener el trono del Imperio después de su asesinato.

Cómodo murió sin un sucesor directo, el Senado tenía que decidir quien estaría en su silla, pero los gobernadores militares, que estaban en los confines del Imperio (desde lo que es ahora Reino Unido hasta el norte de África) con legiones a su mando, se rebelan y se autoproclaman emperadores, y deciden luchar a muerte por el trono que consideran que les corresponde.

Uno de ellos era el gobernador de Panonia (hoy Europa central), Septimio Severo, que logró asirse al poder gracias la estrategia campal y política creada por Julia Domna, su esposa.

Esta mujer siria, hija de reyes, recibió la “visión” de que sería reina y no se rindió hasta lograr lo que para ella estaba destinado, a pesar de que su esposo no era noble, sino un militar de carrera.

Julia se negó a ser rehén del Imperio, como estaban obligadas todas las esposas e hijos de los gobernadores, ya que deberían permanecer en Roma para así tener la lealtad absoluta de sus militares.

Y también se negó a ser solo un adorno y una “mujer de casa”. Ella luchó y acompañó a  su marido al campo de batalla (algo que no se acostumbraba), y fue nombrada “madre de las legiones”.

El autor logra que esa admiración que él siente por este personaje histórico, que vivió en carne propia el racismo de la época y el desprecio por su belleza e inteligencia, alcance al lector.

Julia tenía unos veinte años y ya era estratega, filósofa, conocía de geografía y política, además era amada y admirada “realmente” por su esposo, y eso generaba temor y envidia a su paso.

Así, en las más de 700 páginas, Posteguillo enamora con el personaje y narra con lujo de detalle y gran rigor histórico las batallas, los complots, y las traiciones que se daban en el seno del Imperio.

El autor logra llevar al lector al palacio, a las tiendas, al campo de batalla, al espectáculo del circo, a las matanzas, así como también a las platicas familiares y al mismo desierto sin que decaiga en ningún momento el ritmo de la lectura, porque a pesar de que se pueden conocer las líneas generales de la historia, el detalle y la precisión de esta novela les da un sabor único.

Gracias a Posteguillo uno puede conocer Julia, la que dio pie para iniciar la dinastía de los Severos.

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